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lunes, 29 de octubre de 2018

Las claves del fracaso de Lopetegui


Los jugadores que le apoyaron le han fallado. Los errores defensivos le han condenado. El técnico no encontró soluciones a la carencia de gol

Barcelona-R. Madrid
Las claves de la caída de Lopetegui son muchas. Vino a un proyecto complicado, sin Cristiano, con Mariano como relevo, y el Real Madrid no ha sabido rendir sin su antigua estrella, falto de remate certero y desastroso en defensa. Estos son los puntos fundamentales de un fiasco. 

1, Los jugadores le han fallado

Los errores defensivos de Marcelo, Sergio Ramos y Varane en la Supercopa de Europa condenaron al Real Madrid en una competición que tenía controlada (2-1) hasta caer por 2-4 como un mal fario de lo que sucedería meses después. Los nuevos fallos de jugadores importantes frente al Sevilla, el CSKA de Moscú, el Alavés y el Levante le hicieron perder otros cuatro partidos. Estaba colocado al borde de la guillotina. Esos futbolistas que siempre le apoyaron fuera del césped no confirmaron esa defensa en el campo.

2, Siete lesiones coincidentes en el tiempo

Carvajal,Marcelo, Bale, Odriozola, Benzema, Nacho y Vallejo se han lesionado en estos primeros meses de competición y han coincidido en sus dolencias hasta dejar al equipo diezmado en momentos importantes. Todo se ha unido en contra en el mismo periodo.

3, No hacer el cambio necesario en el equipo

El entrenador comenzó dando minutos a muchos futbolistas. Sentó a Modric para que adquiriera su mejor forma y dio vida a Ceballos, hundido con Zidane. Pero cuando los resultados se torcieron, se agarró a los veteranos para intentar salir de la crisis. Y falló. No salió bien. La suplencia de Odriozola. 

4, Mariano y Vinicius, secundarios

Tenía que haber dado más partidos a Mariano, el único ariete real del plantel, y lo hizo poco y tarde, de manera que el hispanodominicano saltó al campo siempre con la ansiedad de demostrar su nivel en un cuarto de hora. Cuando jugó ante la Roma marcó un golazo y no disfrutó de continuidad. Tampoco ha dado protagonismo a Vinicius, un arma letal que costó 45 millones y que era necesaria en esta etapa de crisis. Solo ha tenido unos minutos. Fue un error. Cuando nadie demostró regate y profundidad en el Real Madrid, Vinicius tenía y tiene esas virtudes y no estaba. Jugaba en el Castilla. Hoy volvió a quedar descartado del banquillo. Grave fallo de visión. 

5, Errores de confianza que pagó caros

No se pueden conceder descansos en plena crisis. Dejó a Ramos sin ir a Moscú y el Real Madrid perdió. Bale tampoco fue a Rusia aunque se decía que no estaba lesionado. No estaba el horno para vacaciones. Y en Moscú se consolidó la crisis.

6, Un fútbol sin soluciones en ataque

No era fácil, lo sabía Lopetegui, porque Cristiano anotó 44 goles la pasada temporada, peor Bale y Benzema no van a cubrir esa cifra y Mariano, el «nueve» del plantel, no ha sido titular. El entrenador ha visto un equipo sin profundidad y no ha sabido encontrar soluciones para encontrar el gol perdido. Comprobó que Mariano y Benzema juntos funcionan, pero solo les ha alineado a la vez en dos momentos. Si la situación es crítica debió acudir a esas cosas buenas y no alinear nombres para quedar bien con los jefes del grupo.

7, Graves errores defensivos y de concentración

Los fallos en defensa castigaron a Lopetegui desde el primer encuentro. Perdió la final de la Supercopa de Europa por regalos de Marcelo, Ramos y Varane. Más tarde en el tiempo, Kroos regaló también el gol de Moscú. El desastre se repitió en Vitoria, en el último segundo. Y esta tarde Ramos ha vuelto a entregar al rival un gol, el 4-1
Por fin, la desconcentración en los marcajes supuso sufrir goles frente al Levante. Demasiado para el porvenir de un entrenador.

EL REAL MADRID ANALIZA SU FUTURO HOY

La Junta directiva del Real Madrid analizará hoy el futuro de Lopetegui

La reunión tendrá lugar por la tarde y en ella se decidirá si se destituye al entrenador y el fichaje de su sucesor. Conte regresa desde Egipto a Roma

Real Madrid
El Real Madrid ha convocado a su Junta directiva para reunirse en la tarde del lunes, estudiar la situación y decidir el futuro de Lopetegui. Es el proceso habitual de comportamiento del club cuando se analiza el estado del equipo, el trabajo del entrenador y la necesidad o no de destituirle.
Se presume que los dirigentes de la entidad decidirán el despido del preparador y de su cuerpo técnico. Estas posiciones se toman por consenso. Y después se comunican. Acto seguido, se aborda el objetivo de fichar al sucesor. Antonio Conte es el favorito. El italiano ha estado de vacaciones con su familia en Asia y en Egipto, regresa en las próximas horas a Roma y puede ser presentado mañana o el martes cuando las negociaciones fructifiquen.

viernes, 26 de octubre de 2018

50 AÑOS DEL ORO OLÍMPICO DE MOROCHITO Alfonso L. Tusa C.

 
Cincuenta años después aquel oro olímpico de Morochito Rodríguez todavía brilla.


   Ahora puedo entender mejor la razón de  aquel cuadrilátero de boxeo en el desfile del carnaval de Cumana. Era febrero de 1969. Yo sabía de Morochito Rodríguez y su hazaña en los Juegos Olímpìcos de México 1968.  Pero como todo niño de siete años de edad, estaba más pendiente de mis juegos infantiles.
   Aquel año había sido muy, muy duro para la humanidad. El mayo francés, el asesinato de Martin Luther King Jr., la muerte de Robert Kennedy, la matanza de estudiantes en Tlatelolco. El planeta parecía un lugar horrendo y oscuro.
   Aquí en Venezuela, tal vez el único otro escenario hacia el cual las personas podían voltear era la preparación del equipo olímpico de boxeo, pero nadie pensó por un instante que un solo púgil tendría al menos la oportunidad de ganar una medalla de bronce.
    Aquel equipo solo había realizado dos jornadas de entrenamiento una en Machiques, estado Zulia, la otra en Tucupita, Territorio Federal Delta Amacuro. Había serias dudas respecto a la nueva categoría minimosca. Las autoridades boxísticas pensaban asistir a los Juegos Olímpicos sin representante en ese nivel, pero el periodista Carlos González habló con ellos y los convenció de que tenían que llevar a Morochito Rodríguez al magno evento olímpico.
   Rodríguez empezó su participación en los Juegos Olímpicos el 17 de octubre. Tuvo que enfrentar al cubano Rafael Carbonell, poseedor de una gran experiencia en el boxeo amateur internacional, incluidos los Juegos Olímpicos de Tokyo 1964. Así que Morochito tuvo que fajarse e intercambiar muchos golpes con su rival. Debió echar el resto en el tercer asalto porque la pelea estaba muy apretada. Su actuación fue tan intensa que el público y hasta Carlos Gonzalez, quien transmitía por radio la pelea para Venezuela, se puso de pie para aplaudir a Morochito. Luego se supo que había terminado la pelea con una mano lesionada.
    En la parte trasera de una camioneta pick-up, habían recreado las cuerdas, la lona, la campana, los baldes de los entrenadores y los gritos. La multitud de las calles de Cumaná gritaba, “¡Vamos Morocho, muéstranos como ganaste esa medalla de oro!”
    El 20 de octubre la refriega fue ante el ceilandés Khata Karunarathe. Aunque el rival era un tipo alto, Morochito encontró la manera de tumbarlo dos veces y el árbitro tuvo que detener las acciones en el segundo asalto.
 Mientras la camioneta pick-up avanzaba en el desfile de carnaval, las personas alzaban la voz para saludar a un hombre de franela blanca y pantalones azul marino quien estaba al lado del boxeador en una esquina del cuadrilátero. Entre la multitud, algunos padres explicaban a sus hijos que ese hombre era Ely Montes, el entrenador de boxeo quien había formado a Morochito Rodríguez al inicio de su carrera. El que le enseñó como atacar aunque estuviese acusando el castigo de sus rivales. El que pasó varias horas explicándole como debía lanzar sus puños o como esquivar los golpes mediante movimientos de cintura. El que lo regañaba cuando no seguía las instrucciones.
   El 23 de octubre, el diminuto púgil cumanés escuchó las observaciones de su entrenador, Angel Edecio Escobar, quien le dijo que tenía que aprovechar el hecho de que su rival, el estadounidense Harlan Marbley tenía una herida en una mano. Morochito había vencido a Marbley en los Juegos Panamericanos de Winnipeg en 1967. Morochito no se confió y desarrolló una andanada imparable de ataques en los tres asaltos para adjudicarse la victoria.
   Hubo un momento, durante el desfile, cuando la camioneta se detuvo más de diez minutos en una esquina, entonces pude mirar mejor el rostro del boxeador. Recordé una madrugada en un bar cercano a Puerto Sucre. Eran las cinco de la mañana. Mis hermanos se acercaron al lugar donde unos tipos jugaban bolas criollas. Felipe le dijo a Jesús Mario, “Hermano, ese es Morochito Rodríguez, el boxeador que ganó la medalla de oro en los Juegos Panamericanos de Winnipeg y ahora irá a los Juegos Olímpicos de México”. Jesús Mario no quería creerlo, hasta que uno de los tipos  le dijo al más diminuto que si él iba para los Juegos Olímpicos no debería frecuentar ese tipo de lugares, si quería al menos ganar una medalla de bronce tenía que cuidar su salud. Felipe tomó su balde desde el suelo y nos dijo que era hora de ir hasta la costa, ya los pescadores estaban por regresar desde alta mar.
   Escobar siempre recordaba una entrevista con los medios en la Villa Olímpica ante la posibilidad de que Morochito consiguiera la primera medalla de oro para SurAmérica.
    Atletas y personalidades de la región fueron a saludar a Morochito para animarlo y desearle lo mejor en la pelea por la medalla de oro.
    Durante la ceremonia del pesaje hubo un inconveniente debido a un ligero sobrepeso de Morochito. Ángel Edecio Escobar le dijo que tenían solo diez minutos para resolver eso, de lo contrario perdería la pelea sin lanzar un puño. Morochito empezó a correr y escupir desesperadamente pero el sobrepeso permanecía. Cuando la tristeza y los lamentos invadieron los rostros, alguien de la delegación venezolana le dijo a Morochito que se quitara la prótesis dental. Así fue como finalmente hizo el peso y las sonrisas de la delegación coreana desaparecieron.
   Antes de la pelea, Carlos González se preparaba para la transmisión radiofónica hacia Venezuela desde el ring side de la Arena de México. Estaba algo molesto porque había tenido algunas dificultades para establecer la conexión radioeléctrica. Todo eso se olvidó cuando apagaron las luces y los púgiles subieron al cuadrilátero. González no podía creer la escalofriante ovación que le dio el público a Morochito. Empezaron a corear gradualmente “Ro-drí-guez, Ro-drí.guez, Ro-drí-guez hasta que todo el lugar parecía un pandemónium. Cuando el árbitro llamó a los púgiles al centro del cuadrilátero y les explicó las reglas, todo estaba listo. Morochito solo tenía una imagen en su mente, las calles de El Salao, su barrio de Cumaná. Entonces sonó el campanazo y Ángel Edecio Escobar gritó. “Vamos Morochito, este es tu día”.
      Despues de dos asaltos iniciales muy cerrados, Morochito echó el resto en el tercero al descifrar el laberinto de Young Ju Lee mediante la técnica de boxeo que había aprendido de Ely Montes. Vivió un gran momento y atacó repetidamente el torso y el rostro del coreano. Cuando sonó el campanazo final, una gran incertidumbre invadió la arena. Ángel Edecio Escobar trató de calmar a Morochito diciéndolo que había dominado la mayor parte del tercer asalto. Carlos Gonzalez estaba casi delirante, desde su asiento en el ring side, anunció que en cuestión de minutos se sabría la decisión de los jueces.
    Cuando el árbitro llamó a los boxeadores al centro del cuadrilátero y levantó la mano derecha de Morochito, Carlos Gonzalez tuvo que controlar sus emociones, enmudeció por fracciones de segundo, entonces anunció: “Ganó el Morocho, ganó Venezuela…” Entonces corrió hacia el cuadrilátero.
    Morochito casi no hablaba, sus ojos estaban vidriosos. González le preguntó como se había sentido durante la pelea. Morochito solo dijo que estaba feliz. Mucho tiempo después, diría que en ese momento solo pensaba en su madre y su ciudad. Hubo otro momento difícil en la ceremonia del himno nacional porque la delegación boxística no tenía bandera. Entonces, desde la multitud un estudiante universitario venezolano le lanzó una bandera venezolana.
Alfonso L. Tusa C. 17 de mayo de 2018. ©
  

miércoles, 24 de octubre de 2018

Noche de terror para el Atlético en Dortmund


Godín, Saúl, Oblak, Filipe y Lucas, cariacontecidos en Dortmund. FRIEDEMANN VOGELEFE
Los goles de Witsel, Guerreiro (dos) y Sancho, desencadenan la peor derrota en la era Simeone, que debió recurrir a Rodrigo por Thomas tras el descanso
En el Signal Iduna Park de Dortmund tiene lugar casi habitualmente una suerte de tormenta invertida. Primero retumban los sobrecogedores truenos que manan del Muro Amarillo que viste el fondo sur. Algo así como una grada en tres dimensiones. Después llegan los rayos cegadores, vestidos de amarillo, que son los jugadores del Borussia Dortmund. Relámpagos que no cesan ni tampoco avisan, simplemente aparecen cuando más baja está la guardia del rival. Y aunque el Atlético estaba aleccionado de todo esto (y seguro que mucho más), le pilló desprevenido. Fue recibiendo una bofetada tras otra hasta que quedó inmóvil. Sin pulso, a pesar de tener el corazón a mil por hora. No estuvo Paco Alcácer, el máximo goleador del líder de la Bundesliga, pero sí hubo un grupo de chavales hambrientos y rápidos como lobos que se comieron a un Atlético que apenas respiró. [Narración y estadísticas (4-0)]
Porque este Dortmund es imprevisible. De repente se presenta ante el rival como una ola, de cuatro o cinco o seis jugadores (igual da GötzePulisicReus o incluso Achraf) y lo envuelve todo. Lo mismo ataca en diagonal que de frente. Esa fuerza desatada, vestida de amarillo, se fue asomando una y otra vez, de manera intermitente, por la parcela de Oblak. Siempre con la sensación de que algo diferente estaba a punto de ocurrir. Sin embargo, lo mejor que le sucedió al Borussia (y lo peor para el Atlético) llegó desde lejos, aunque con el área bañada por una legión amarilla. El latigazo seco de Witsel contó con la colaboración involuntaria de Saúl y dejó clavado al meta esloveno. Y, también, al Atlético, que ya creía estar a salvo de esa tormenta, al menos en el primer asalto. 
Simeone no escondió su munición. Se plantó de inicio sin complejo alguno, con LemarGriezmann y Diego Costa e incluso con Rodrigo en el banquillo, entregando el mando a Thomas. El equipo no se escondió y agarró el balón desde el primer minuto. Aunque mirando con el rabillo del ojo para evitar esas venenosas contras de las que tanto les había hablado su técnico desde que se marcharon de Villarreal. 

La bala de Rodrigo

El equipo tuvo la pelota, sí, pero a Bürki, el portero local, ni siquiera le obligaron a tirarse al suelo en la primera mitad. Costa, a pesar de estar falto de chispa y ritmo por su parón, asustó con algún desmarque e incluso hizo temblar a Diallo. Y Griezmann y Lemar se dedicaron a lo que más les gusta: poner sus pinceladas al asunto. Porque ellos tienen un vocabulario muy diferente al del resto. Pero, como ya se ha escrito, el único que tiró a puerta fue Witsel. Lo hizo dos veces y una fue dentro.
Y entonces, apareció él. Rodrigo o Rodri, igual da. Una de las balas que aún escondía Simeone. Y no por su potencial ofensivo. Él, con la camiseta por dentro, transmite calma y cordura a todos los que le rodean. Esas buenas vibraciones fueron liberando uno a uno a sus socios de la medular. Sobre todo, a Saúl. Un alma que cuando vuela libre, como hace en la selección, es capaz de disfrazarse de cualquier cosa. 
De sus botas, de la zurda concretamente, salieron los primeros destellos del Atlético. Tres disparos en apenas un cuarto de hora, uno de ellos, magistral, acabó en la cruceta. La liberación de Saúl, por culpa de Rodrigo, fue también la liberación de su equipo, que empezó a convencerse de que era posible salir del temible ring del Borussia con algo en los bolsillos.
Pero fue una llama que acabó apagándose por sí misma. Primero porque Correa, el ángel que tantas veces ha cuidado a Simeone, mandó al banquillo a Saúl, que parecía un gigante cada vez que se asomaba al área contraria. Y, sobre todo, porque en uno de esos relámpagos, Guerreiro acabó cegando al Atlético. Un contragolpe perfecto enterró cualquier esperanza, mientras el Muro se desataba a la espalda de Oblak, consciente de que nadie iba a mancillar su pradera. Ni siquiera Correa, que mandó un balón al palo. Tampoco Griezmann, cuando pensó que la portería era suya. 
Aún llegarían dos zarpazos más, para completar una de las noches más oscuras en la reciente historia de los rojiblancos en Europa. La peor derrota desde la llegada de Simeone, aquella semana navideña de 2011. El Atlético se marchó cabizbajo, pero, a pesar del revolcón, tranquilo porque los octavos no peligran.

NO FUE MESSI, FUE EL BARCELONA


Rafinha marca el primer gol del Barcelona al Inter de Milán. ALBERT GEAREUTERS
«La vida tiene sentido, y también la muerte». A Rafinha nunca le hizo falta leer a Truman Capote. Tampoco retorcer sus tobillos con el balón entre los pies ni driblar a cinco defensas. Conoce su cometido en el Barça. Con Messi o sin Messi. Debe ayudar a hacer mejor a sus compañeros. Facilitar el juego coral, tantas veces despreciado en un deporte que idolatra a los solistas, pero que acostumbra a despreciar al jornalero. Mazinho, el patriarca, mediocentro en el Brasil de Romario y Bebeto que ganó el Mundial de 1994, siempre estuvo dispuesto a cargar con el piano. Y Rafinha, exiliado en su día en Milán, de regreso a un Barcelona que nunca reparó demasiado en su presencia, fue un diez frente al Inter. Con Dembélé, Arturo Vidal y Malcom como simples reservistas. Da que pensar, con el Real Madrid a la vuelta de la esquina. [Narración y estadísticas: 1-0]
El Barcelona, notable en el primer tiempo, más exigido pero férreo en el segundo, vislumbró el camino a seguir cuando Messi ya no esté. Todo pasa por lo visto en la noche continental del Camp Nou. Por no perder de vista el balón. Por hacerlo circular hasta que el rival se harte de perseguirlo. Por no traicionar sus raíces y dar cuerda a futbolistas como Arthur, por mucho que en el segundo acto perdiera dos balones que pudieron costar caro de no haber sido por Ter Stegen o por la mala pata de Politano.
Pero Arthur guarda la idiosincrasia de La Masia en sus botas. Por esa escuela también pasó Rafinha. Justicia poética, suyo fue el remate a gol -previo taconazo de Luis Suárez- que abrió un triunfo que deja a los azulgrana a un paso de la clasificación.
Sin embargo, la noche ofreció una noticia que no debería pasarse por alto. Ousmane Dembélé es el segundo fichaje más caro de la historia del club. Es ese chico disoluto que el pasado fin de semana se quedó en Babia en el banco cuando debía estar cambiándose las botas y la camiseta para suplir al lesionado Messi. Valverde no sabía dónde mirar. Pues bien, el delantero francés no asomó esta vez. La vacante la ocupó el citado Rafinha, precisamente un ex 'nerazzurro'. Un 'todocampista' que si bien no cuenta con el talento de Dembélé, es plenamente consciente de algo que solemos olvidar. Un jugador no sólo debe ser bueno, sino parecerlo. Que tras la purpurina no se esconda el cartón piedra.

Disciplina

Disciplina táctica. Eso fue justo lo que buscó Valverde ante la ausencia de su pantocrátor. Y el Inter, pese a la insistencia de Icardi en rematar todo lo que caía en sus pies, pese al paso al frente tras el descanso, se sabía condenado.
Ni siquiera le quedó al Inter recurrir a la mística del pasado. La última vez que los 'nerazzurri' pisaron el Camp Nou, justo antes de ganar la Champions en el Bernabéu, hubo un tipo que corría como un loco por el césped. No era un jugador. Llevaba la americana puesta y señalaba con el dedo hacia arriba, sin importarle demasiado que estuviera empapándose de agua. Alguien abrió los aspersores y la lluvia, nada ácida, fue bendita para José Mourinho. Poco queda de aquel Inter, mucho mejor equipo cuando ataca que cuando defiende. Pero falto de referentes espirituales. Quien podía cumplir con esa función era el lesionado Nainggolan, curiosamente el tipo que en su día rompió la rodilla a Rafinha.
Los de Valverde se sentían superiores. Lenglet husmeó el gol. También Suárez. Coutinho disparó al palo. El Camp Nou increpó a Arturo Vidal, que jugó un cuarto de hora en sustitución de Arthur e intervino en el tanto en el ocaso de Alba. Y Messi, con el brazo en cabestrillo, disfrutó de lo lindo con su hijo. «No fue el muerto lo que me asustó», opuso en su día Lovecraft. No fue Leo. Fue el Barça.

JESÚS AGUILAR Y RONALD ACUÑA PREMIO LUIS APARICIO MALTÍN POLAR


DECEPCIONANTES POR BREVES Listin Diario

Chris Sale y Clayton Kershaw decepcionaron en el Juego 1 de la Serie Mundial


 
Las actuaciones de Clayton Kershaw y Chris Sale resultaron breves. El duelo entre el as de los Dodgers y el de los Medias Rojas resultó simplemente decepcionante.
Ninguno pudo sacar un solo out del quinto inning, en lo que fue apenas la cuarta vez que los dos abridores de un primer juego del Clásico de Otoño se marchan tan pronto. Ello no había ocurrido desde 2004, también en el Fenway Park.
Había pasado mucho tiempo desde la salida de Kershaw de los Dodgers y de su rival Sale cuando Boston selló su triunfo por 8-4.
Pero en postemporada, los duelos de bullpens se han vuelto predecibles. Y las aperturas de cuatro episodios parecen el nuevo estándar.
“Lo he dicho todo el tiempo. Se lo he dicho a mi hijo. Jamás he visto una victoria desagradable”, justificó Sale en un repleto clubhouse de los Medias Rojas. “Obviamente, las estadísticas no son las más bonitas. No es exactamente lo que uno soñaría, pero ganamos y con eso me basta”.
Durante un siglo, los ases del montículo eran las luminarias del béisbol. Ocupaban el montículo del primer juego de la serie como si ello les correspondiera por derecho divino y no se marchaban tan fácilmente.
Tan sólo hay que pensar en Bob Gibston hace 50 años, cuando lanzó una blanqueada de cinco hits por san Luis ante Detroit. Aquella labor impresionante incluyó 17 ponches y ningún boleto.
Pero ningún pitcher ha lanzado juego completo en el primer compromiso de la Serie Mundial desde que Cliff Lee, de Filadelfia, derrotó a los Yanquis de Nueva York en 2009. La última blanqueada con juego completo en el primer encuentro del Clásico de Octubre fue conseguida por Dave Stewart, de Oakland, ante San Francisco en 1989.
Aquellas exhibiciones forman parte de una tradición de gemas de pitcheo en los duelos inaugurales de la Serie Mundial, que incluyeron blanqueadas con juego completo por parte del cubano Luis Tiant en 1975 y de Babe Ruth en 1918.
Ahora, los juegos completos en blanco parecen en camino de la extinción, como los uniformes de franela y las escupideras para quienes mascaban tabaco. El béisbol se transforma a su ritmo más acelerado desde hace casi un siglo.
El primer encuentro entre dos lanzadores elegidos siete veces al Juego de Estrellas, en la apertura de una Serie Mundial, fue todo menos un duelo de pitcheo. Sale hizo 91 lanzamientos y Kershaw 79.
Boston recurrió a seis relevistas y Los Ángeles a cuatro.
“Los dos equipos tienen la capacidad de trabajar con la cuenta y llevarla a lo máximo, así que uno tendrá que recurrir al bullpen”, explicó el manager de los Dodgers, Dave Roberts.
Kershaw cayó a una mediocre foja de 9-9 en postemporada. Aceptó cinco carreras y siete hits, además de expedir tres boletos. Andrew Benintendi se convirtió apenas en el segundo bateador zurdo que ha bateado de 3-3 en un juego ante el tres veces galardonado con el Cy Young.
Christian Yelich lo había logrado por Miami el 27 de junio de 2015.
“No lancé muy bien”, reconoció Kershaw. “El slider no fue muy bueno esta noche. No tuve las variantes... y ellos hicieron que lo pagara”.
Sale, el espigado zurdo, permitió tres anotaciones y cinco inatrapables, con dos boletos, ante el primer orden al bate en la historia de la Serie Mundial que incluyó a nueve bateadores derechos (ninguno ambidiestro). Sale lanzó por primera vez desde que pasó una noche hospitalizado por un padecimiento estomacal durante la Serie de Campeonato.
Desde 2004, los abridores no habían dejado tan pronto un juego inicial del Clásico de Otoño. En aquel entonces, el nudillero de Boston Tim Wakefield laboró tres innings y dos tercios, mientras que el derecho de San Luis Woody Williams permaneció en la loma dos entradas y un tercio.
Los Medias Rojas se impusieron 11-0 y comenzaron su camino hacia una barrida para conquistar su primer cetro desde 1918.
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