Powered By Blogger

jueves, 7 de septiembre de 2017

Simeone recupera ocho jugadores



Madrid.- Los internacionales españoles Saúl Ñíguez y 'Koke' Resurrección, el esloveno Jan Oblak, el belga Yannick Carrasco, el ghanés Thomas Partey, el francés Lucas Hernández, el croata Sime Vrsaljko y el brasileño Filipe Luis regresaron este miércoles a la disciplina del Atlético del argentino Diego Simeone, detalló EFE. 
Oblak, Saúl, Koke y Carrasco se unieron en el entrenamiento vespertino en la Ciudad Deportiva Wanda de Majadahonda al francés Antoine Griezmann, que regresó el lunes, al montenegrino Stefan Savic, que lo hizo ayer, y a los otros nueve jugadores de la primera plantilla que se quedaron en Madrid durante el parón de las competiciones nacionales. 
Con ellos, Simeone ya comenzó a preparar el encuentro del próximo sábado contra el Valencia en Mestalla (16.15 horas), para el que no podrá contar con Griezmann, que cumplirá su segundo partido de sanción por su expulsión ante el Girona. 
Thomas, Lucas y Vrsaljko tuvieron una sesión de recuperación en el gimnasio y con su llegada ya solo faltan cuatro jugadores internacionales por retornar a la disciplina rojiblanca. 
El brasileño Filipe Luis se incorporó al tiempo que sus compañeros comenzaban a trabajar y se sumó a la sesión regenerativa en el gimnasio. 
Con estas llegadas, a Simeone solo le faltan tres jugadores para tener a su plantilla al completo: los uruguayos Diego Godín y José Giménez y el argentino Augusto Fernández. 

Fragmentos de 1967. El debut de Isaías “Lätigo” Chávez en grandes ligas.



   El 4 de septiembre de 1967 los Gigantes de San Francisco llamaron a Isaías Chavez al equipo grande con la expansión del roster hasta 40 jugadores. El Látigo venía de una destacada temporada con el Waterbury en la Eastern League AA (12-5, 7 blanqueos, 1.77 de efectividad).
  El 9 de septiembre en juego diurno, efectuado en Candlestick Park, el manager Herman Frank trajo a relevar a Isaías en el séptimo inning, en sustitución de Bobby Etheridge quien bateó por el pitcher Lindy McDaniel en el sexto. Los Gigantes perdían 6-0 ante los cachorros de Chicago. Dominó a Billy Williams con roletazo al campocorto Hal Lanier quien completó el out en el mascotin de Jack Hiatt en la inicial. Luego concedió boleto a Ron Santo. Retiró a Ernie Banks con elevado al guante de Willie Mays en el jardín central. Concedió otro boleto a Randy Hundley. Bob Raudman se embasó por error de Lanier y Santo anotó en la jugada. Adolfo Phillips despachó imparable a la izquierda para remolcar a Hundley. Finalmente ponchó al pitcher Rich Nye. En el octavo inning fue relevado por Bobby Bolin.

Alfonso L. Tusa C. 07-09-2017.

MURIÓ PAUL SCHAAL, EL REEMPLAZO DE CEORGE BRETT

  


 El antíguo pelotero de los Reales de Kansas City, Paul Schaal, el hombre a quien reemplazó  George Brett, fallece a los 74 años.

RustinDodd. The Kansas City  Star. 02-09-2017.

Paul Schaal, un antíguo tercera base de los Reales de Kansas City conocido por sus experiencias post-carrera beisbolera como dueño de una pizzería y como fisioterapeuta, falleció este viernes 1 de septiembre en su hogar de Waikoloa, Hawaii, luego de una larga batalla con el cáncer, le confirmó su familia a The Kansas City Star.
Schaal, quien jugó para los Reales desde su temporada inaugural en 1969 hasta 1974, era quizás mejor conocido por ser el hombre a quien reemplazó el inquilino del Salón de la Fama, George Brett, quien debutó en 1973 antes de convertirse en regular a tiempo completo en 1974. Años después que concluyese su carrera como beisbolista, Schaal mantenía un agudo sentido del humor acerca de su lugar en la historia del béisbol.
“Ahora uso eso para mi beneficio”, le dijo Schaal a The Star en una entrevista de 2013. “Le digo a todos que hizo falta un inquilino del Salón de la Fama para quitarme el trabajo”. 
  Schaal permaneció en Kansas City cuando su carrera terminó en 1974, ganándose la vida primero como dueño de Paul Schaal’s Pizzaand Pub y luego como fisioterapeuta.  En 2010, se mudó a Hawaii con su esposa Mónica, le dijo su yerno, Fred Hess, a The Star vía telefónica este sábado. Schaal estaba acompañado por su familia, incluyendo a Mónica y su hija, Cheryl, al morir en paz este viernes en la mañana.
   Schaal, quien se graduó en Compton (Calif.) High School, firmó con los Angels de Los Angeles antes de la temporada de 1962 y debutó en grandes ligas en 1964. Jugó cinco temporadas con los Angelinos, sobrevivió a un peligroso pelotazo del pitcher de los Medias Rojas, José Santiago, en Fenway Park, en 1968. Schaal fue seleccionado por los Reales la siguiente temporada muerta en el draft de expansión. Bateó .263 con 32 jonrones mientras jugaba partes de seis temporadas en Kansas City, incluyendo la mejor campaña de su carrera en 1971 cuando bateó .274 con .387 de porcentaje de embasado y 11 jonrones.
    Schaal fue enviado de vuelta a los Angels a cambio del jardinero Richie Scheinblum el 30 de mayo de 1974, para abrirle camino a Brett. Esa sería la última temporada de Schaal en grandes ligas. Aún así, siguió siendo la respuesta a una simple pregunta de trivia, al estar relacionado con Brett y sus gloriosas temporadas de finales de la década de 1970 e inicios de la de 1980.
   Años después, Schaal trataría a Brett en su clínica de fisioterapia, bromearon acerca de su conexión. Pero para entonces, dijo él, se sentía en paz con como terminó su carrera.
   “No tengo lamentos”, le dijo a The Star en 2013.
    En los años finales de su vida, dijo Hess, Schaal todavía recibía barajitas de beisbol de viejos aficionados. Él firmaba las barajitas y las devolvía por correo, luego llegaban más. En los meses finales, la familia contactó a los Reales y le pidió videos viejos, dijo Hess. Las imágenes de él jugando tercera base con el uniforme azul y blanco ponía de buen ánimo a Schaal.

Traducción: Alfonso L. Tusa C.

  Nota del traductor: Números de Paul Schaal con los Leones del Caracas en la temporada 1967-68: 60 J, 218 VB, 32 CA, 64 H, 7 2H, 2 3H, 2  HR,  31 CE, 31 BB, 17 K, .294 AVG.

martes, 29 de agosto de 2017

II MUESTRA DE “EL ARTE EN EL BÉISBOL”



Añadir leyenda

Valencia, lunes 28 de agosto de 2017 (Prensa Museo de Béisbol - Kelly López G).- El Salón de la Fama y Museo de Béisbol de Venezuela conjuntamente con varios artistas plásticos de la región, se complacen en invitar para el domingo 01 de octubre de 2017 a la II Muestra “El Arte en el Béisbol”, en las instalaciones del Museo de Béisbol, ubicado en el Centro Sambil Valencia.
Con el fin de estimular, confrontar, divulgar y documentar nuevas propuestas del arte contemporáneo, esta segunda muestra de arte colectiva buscará plasmar través de distintas técnicas plásticas la esencia del deporte No.1 de nuestro país, teniendo como tema el béisbol en general, unificando así el deporte con las artes.
Dicho evento contará con el trabajo impecable de 10 artistas plásticos de la región, quienes exhibieran sus obras en la Sala de Exposiciones de Arte, razón por la cual los amantes de las artes plásticas, del béisbol y público en general, podrán disfrutar de esta exposición artística en los espacios del Museo de Béisbol.
Los artistas invitados son: Hernán Moreno, Ramón Belisario, Saúl Fernández, Leonardo Salazar, María Pequeño, María Esther Barbieri, Rafael Martínez, Dagoberto Becerrit, Verónica Arcay y Ana Judith Hernández.
Fecha: domingo 01 de octubre de 2017.
Lugar: Sala de Exposiciones de Arte Museo de Béisbol. Hora: 12:00M 

miércoles, 16 de agosto de 2017

ALFONSO TUSA Él fue el aglutinante que mantuvo unida una generación de peloteros.


PAUL CASANOVA


  Nick Diunte. La Vida BaseballAgosto 2017.

   Nunca importaba cuando yo llegara a su puerta, la respuesta siempre era la misma: Lo que fuera que él estuviera haciendo, se detenía, se levantaba, y me daba una sonrisa de mil dólares y un cálido abrazo.
   A él no le importaba que yo usualmente llegaba sin avisar, o solo pocas veces al año. Lo que importaba era por cuanto tiempo me quedaría. Siempre preguntaba, “¿Cuándo te vamos a ver de nuevo?”
   Cada vez que nos íbamos, le decía que regresaría durante el próximo receso de enseñanza, y la respuesta era siempre: “Estaremos esperándote”.
   Ese era el espíritu de Paulino “Paul” Casanova, quien nació en Perico, Cuba, y falleció este sábado 5 de agosto en Miami a los 75 años de edad, por complicaciones cardiorespiratorias.
   Conocí a “Cazzie” en 2009 mediante un amigo mutuo, Gonzalo “Cholly” Naranjo, un antiguo pitcher de ligas mayores también de Cuba, quien sabía que yo era un seguidor del beisbol. Casanova, un antiguo cátcher de los Senadores de Washington y los Bravos de Atlanta desde 1965 hasta 1974, tenía una academia de beisbol en su patio de Florida.
   Casanova estaba impresionado con mi conocimiento de los grandes del pasado del juego, particularmente de los latinos. Su hogar era un nicho para las vidas y carreras de esos hombres. Él tenía fotos, cientos de ellas, alineadas en las paredes de su casa, lo cual la hacía parecer un pequeño museo. Hasta decoró las paredes posteriores a las jaulas de bateo con fotos, incluyendo una de su compañero de equipo e inquilino del Salón de la Fama, Henry “Hank” Aaron. Cada toletero que llegaba, desde pequeñas ligas hasta grandes ligas, lo hacía bajo la mirada de los grandes.
    Durante esa primera visita, vi a un hombre con un sombrero Panamá y anteojos de sol sentado en una silla.
    “Nick, este es mi amigo Mike Cuellar”, dijo Casanova.
    Intercambié amabilidades con el zurdo cubano, y primer latino en ganar el premio Cy Young. Cuellar sería el primero de muchos grandes del beisbol a quien conocería en mis viajes de regreso a la casa de Paul. Cuando me iba, Casanova prometió darme una lección de bateo cuando regresara. Una semana después, cuatro fotos autografiadas y una nota esperaban por mí en mi apartado postal.

   Las Lecciones de Cazzie.
   A medida que el clima cambiaba en Nueva York, no podía esperar para regresar. Fui de visita el siguiente febrero y, como fue prometido, él inmediatamente me puso a trabajar. En los próximos días aprendí más de mi swing que lo hecho en cuatro años de pelota universitaria.
    No importaba que un día estuviesen en las jaulas de bateo los entonces grandesligas activos Marco Scutaro y Juan Rivera, él siempre me trataba con la misma atención. El pelotero dentro de mí deseaba que lo hubiera conocido mucho antes. Él tenía una gran facilidad para detectar los defectos de un swing y explicarlos. Yo podía ver porqué tantos peloteros jóvenes talentosos preferían su tutelaje. 
    Rápidamente aprendí que la casa de Paul era una especie de salón de reunión para sus antiguos compañeros de equipo y compatriotas cubanos. El día siguiente, llegué y encontré a Tony Oliva y Orlando Peña sentados en el patio de la casa. Después Oliva me dijo que todos los años pasaba por ahí a pasar el día, camino al campo de entrenamiento primaveral de los Mellizos de Minnesota.
   Ellos dos no eran los únicos. Naranjo, Jackie Hernández y José Tartabull eran fijos porque trabajaban con Casanova en su academia.
    Cuando se efectuaba el Joe DiMaggio Legends Game en Fort Lauderdale cada enero, se pasaba largas noches jugando dominó en su casa con Bert Campaneris, José Cardenal, Rico Carty, Minnie Miñoso y el inquilino del Salón de la Fama Orlando Cepeda. El evento de esas noches se hizo tan importante como el juego. Los vínculos que se formaron cuando ellos eran jóvenes y fuertes continuaban floreciendo en cada oportunidad que tenían de estar juntos.
    Mientras más tiempo pasaba allí, se hizo más claro para mí que Paul era el pegamento que mantenía unida a una generación de beisbolistas. Si no estaba entreteniendo a un visitante, él hablaba por teléfono con un antiguo compañero de equipo. Un día era Dusty Baker, hoy manager de los Nacionales, el equipo que reemplazó a los Senadores en Washington. El siguiente, sería Hank Allen.
    “Éramos muy cercanos”, le dijo Allen recientemente a La Vida Baseball. “Él era un ser humano maravilloso. Nos conocimos en las ligas menores e instantáneamente congeniamos, y eso nunca cambió. Él era una persona muy cálida. Nos ayudábamos e intercambiábamos amabilidades y así fue siempre. Cuando llegamos a las grandes ligas, fuimos compañeros de habitación”.
     “Nos considerábamos hermanos y familia”, dijo Allen. “Era maravilloso”.


 Unidos hasta el Presente.
   Pero Casanova no se quedaba en el pasado. Al mirar el juego actual, se puede ver las huellas de Casanova. El jardinero de los Diamondbacks de Arizona, J.D. Martínez, un cubano-estadounidense nacido en Miami, fue un aventajado estudiante quien empezó a ejercitarse en la academia desde la adolescencia. Hay fotos de Martínez, de 29 años de edad, conocido en la casa de Cazzie como Flaco o “Skinny”, esparcidas alrededor, un álbum de fotos muestra el progreso de un muchacho de escuela secundaria avanzando hacia toletero de grandes ligas.
  Yo estaba en la casa de Paul la noche del 3 de agosto de 2011 cuando Martínez bateó su primer jonrón en grandes ligas. Habíamos estado viendo el canal de MLB para revisar si había noticias de su protegido. Luego que Martinez se la desapareció al lanzador de los Rojos de Cincinnati, Dontrelle Willis en el primer inning y aparecieron los reconocimientos en la pantalla, todos enmudecieron.
   “¡El Flaco lo hizo! ¡Bateó su primer jonrón!” exclamó Casanova.
   Su emoción paternal era evidente. Martínez había debutado en la gran carpa hacía cuatro días, el 30 de julio. Casanova no podía estar más orgulloso.
   “Él ha estado viniendo aquí desde que era un niño”, dijo. “Estamos felices de verlo hacer eso”.
   Martínez tenía tanta reverencia por Casanova que llevó a Miguel Cabrera a trabajar con él luego de ganar la triple corona en la temporada de 2012.
   Cuando le pregunté a Casanova si le dio algun consejo de bateo a Cabrera, sonrió levemente.
    “¿Qué le puedo decir a Cabrera?” dijo “No necesita mi ayuda. Solo lo veo batear”.
 Foco de atención
     Cuando La Vida Baseball entrevistó a Casanova durante el juego de estrellas de 2017 en Miami el mes pasado, era obvio que él era el centro de atención. Su aparición durante el FanFest del juego de estrellas en los espacios del clubhouse fue un acontecimiento, una reunión familiar. Cuando Casanova se mostró en la sesión de Cepeda, este fijó los ojos en Cazzie y dijo con voz de barítono: “¡Casanova!”.
    Una reunión donde estaban Cardenal y Bobby Ramos se detuvo cuando Tartabull empujó la silla de ruedas de Casanova hacia la primera fila. Todo el protocolo desapareció y Tartabull y Ramos, amigos cubanos, bajaron del estrado para saludar a su amigo.
    La recepción que él recibió dejó perplejos a los presentes. ¿Quién es este tipo que hace que todos se paralicen, y hace gritar a los inquilinos del Salón de la Fama? Entonces aparecieron las historias de cómo Casanova, por mucho tiempo había sido el tipo quien los había mantenido unidos, explicó Ramos.
    Casanova hizo todos esos contactos durante una vida en el beisbol que se extendió por más de 50 años. La carrera beisbolera del cubano lo llevó  a través de varios países del continente americano, incluyendo un tiempo significativo en Venezuela y Estados Unidos.
    Su carrera fue un ejemplo de persistencia. Todavía era un adolescente cuando salió de Cuba en 1960, fue cesanteado dos veces por los Indios de Cleveland y pasó 1961 jugando con los Clowns de Indianapolis, otrora equipo de la Ligas Negras que hacía giras alrededor de Estados Unidos. En 1963, Casanova finalmente logró estabilizarse luego de una prueba de ligas menores con los Senadores de Washington.
    Debutó en grandes ligas el 18 de septiembre de 1965. Sin embargo, “fue en Venezuela”, le dijo a los reunidos en el FanFest, “donde me hice pelotero, porqué jugué contra Luis Aparicio, y todos esos tipos…Le debo a Venezuela todo lo que hice en las grandes ligas”.
    Casanova se sentía tan cómodo en Venezuela que por varios años durante la liga invernal, y después de su carrera de grandeliga, fue dueño de un restaurant llamado La Pelota en la ciudad porteña de La Guaira, Venezuela. Ya en ese entonces el fue un catalizador social, como lo sería de nuevo en la academia de beisbol de su patio de Florida.
   Reconocimientos y memorias
   Y hubo los puntos altos de su carrera, como ser miembro del equipo de estrellas de la Liga Americana en 1967 y ver a Mickey Mantle caminar hacia su casillero en Anaheim Stadium:
   “Cuando él caminaba hacia ese casillero, parecía una aparición de Dios”, compartió Casanova en el FanFest.
    Como ser el catcher abridor ese mismo verano en un juego de extrainning el 12 de junio contra los Medias Blancas de Chicago. Casanova trabajó detrás del plato toda la noche, y aunque solo bateó un imparable en nueve veces al bate, lo consiguió en el cierre del inning 22 para empujar la carrera ganadora.
    Y seis temporadas después, recibió el único juego sin hits ni carreras del nudillista Phil Niekro en su carrera de inquilino del Salón de la Fama.
   “El lanzamiento de nudillos se estaba moviendo mucho, nadie podía batearlo, tuve problemas para atraparlo. A partir del sexto inning, no le pedí ningun otro lanzamiento”, dijo Casanova. “Despues del juego lo cargué a hombros. Bebimos 12 cervezas. Y Phil me regaló 1000 $”.
    A pesar de jugar tres temporadas con los Senadores bajo la tutela del manager Ted Williams, Casanova fue un bateador vitalicio de .225. Pero tenía un cañón en el brazo, retiró a 37 corredores en 1967 y 51 por ciento de quienes intentaron robarle una base en 1970. Él era tan respetado por sus destrezas como receptor que hasta a los árbitros les gustaba trabajar detrás de él.
   “Él me proporcionaba la mejor vista del plato que me dio cualquier cátcher”, dijo el árbitro Bill Kinnamon en el libro de Larry Gerlach, The Men in Blue. “Se acostaba por completo en el suelo. Hacía la seña y luego desaparecía; te preguntabas donde demonios había ido, así de bajo se mantenía…Los árbitros solían revisar quien era el pitcher de los Senadores,  para ver si les tocaba arbitrar detrás de Casanova”.
   A medida que avanzó la semana, la salud de Casanova se convirtió en tema de discusión entre las leyendas latinas que se habían reunido en el juego de estrellas. Sus visitas recientes al hospital tenían a muchos consternados y preocupados. Haber hecho el esfuerzo de aparecer en las festividades del juego de estrellas alrededor de sus amigos, había pasado la factura. Fue hospitalizado esa noche con problemas respiratorios.
   El día del juego de estrellas, varios peloteros retirados acordaron visitar a Casanova en su casa, había sido dado de alta el día anterior. Llegué con Cholly Naranjo temprano en la tarde, pero Casanova lamentó que no estuviera disponible para recibir invitados ese día.
   Cuando recibí la llamada hace pocos días acerca de que su situación era grave, muchos pensamientos y memorias me llegaron desde los últimos ocho años. Pensé en su gran corazón y su generosidad para compartir sus conocimientos y su amor. Allen habló con Casanova hace unas semanas, y Casanova admitió que su condición había empeorado. Compartieron la misma despedida de siempre, una sonrisa del cariño fraternal que ha persistido por medio siglo.
    “Hablé con él hace dos semanas y me dijo que no se sentía bien”, dijo Allen. “Eso fue impactante. Prometí que estaría en contacto con él a menudo. Había una frase con la que siempre nos despedíamos, a través de los años, él siempre terminaba con ‘Te quiero mucho hermano’, y siempre fue así”.
    Así es como recuerdo a Paul Casanova. Un espíritu tan expansivo y completo que atraía amigos desde lejos, con la fuerza para mantenerlos juntos a través del tiempo, la edad y la distancia.
    Él fue nuestro hermano, el hermano de todos, y será extrañado cariñosamente.

 Traducción: Alfonso L. Tusa C.

 Nota del traductor. Debido a la potencia de su brazo Casanova era conocido como el “rifle 30-30” en la Liga Venezolana de Beisbol Profesional. Vino a la LVBP por primera vez en la temporada1965-66 con los Tigres de Aragua y repitió con ellos la siguiente zafra. Ese año fue tomado como refuerzo por los Leones del Caracas y largó aquel legendario cuadrangular ante los Tiburones de La Guaira en la final de la 1966-67. A partir de la temporada 1968-69 y hasta la 1974-75, Casanova vistió la camiseta de La Guaira. Fue dueño junto a Pat Kelly (su compañero de equipo en La Guaira) de la discoteca La Pelota en la avenida Casanova de Caracas a principios de la década de 1970. Si Casanova tuvo un restaurant en La Guaira llamado La Pelota, lo desconozco.

martes, 15 de agosto de 2017

VOLANDO BAJO Jesús Elorza


Un numeroso grupo de deportistas conversaba animadamente en los pasillos del aeropuerto internacional de Maiquetía. La razón de su alegría era porque iban a representar al país en diferentes eventos deportivos internacionales. Sus conversaciones fueron interrumpidas al escuchar por los parlantes del aeropuerto el llamado a embarcar. Aerolíneas Estelar Latinoamericana, anuncia la salida de su vuelo chárter 8481 con destino a Lima-Perú, señores pasajeros sírvanse abordar por la puerta 25.


El llamado, corto de manera drástica la alegría de los deportistas. Uno de ellos, le pregunto a su entrenador ¿Por qué iban para el sur si la competencia era en el norte? Profe, dijo otro, si la competencia nuestra, el Panamericano de adultos en pesas, es en Miami. ¿Qué coño vamos a hacer en Lima?....El norte es pa arriba, no pa bajo.
Los integrantes del equipo de voleibol masculino, no salían de su asombro. ¿Perú? Como es eso, si la Copa Panamericana en la que vamos a competir !!!Es en Canadá!!!.....se volvieron locos. No menos preocupados estaban los integrantes de la selección de Atletismo, que iban a competir en Barcelona España, y veían que los estaban trasladando a otro destino muy distante del sitio de competencia.
Uno de los delegados, estaba tan aterrorizado que tuvieron que asistirlo medicamente. Ya recuperado, todos le preguntaban ¿Que le había pasado, si le tenía miedo a los aviones o qué?
Con sorpresa, todos los presentes vieron que el delegado desistió del viaje, argumentando que esa línea aérea en Noviembre de 2014 había sido suspendida por el Instituto Nacional de Aeronáutica Civil (INAC) por fallas en los aviones e irregularidades en sus operaciones…Ni loco me monto en ese avión, gritaba mientras recogía su equipaje.
Para calmar el tumulto, un representante del Ministerio del Deporte, llamo a la calma, diciendo que la situación que amerito la suspensión ya había sido superada y la línea gozaba del apoyo de las autoridades. Móntense con toda confianza que al delegado lo vamos a enviar en otra línea. Y termino, explicando que la ruta seleccionada, de ir a Lima, fue por la imposibilidad de conseguir cupo para los destinos de Estados Unidos y Canadá desde Maiquetía, y lo habían resuelto via Perú. Todas las conexiones ya están garantizadas.
Poco duro la explicación del burócrata enchufado del ministerio. Al llegar a Lima, ninguna de las conexiones estaba establecida y se desato el infierno de la incompetencia. Los pesistas, permanecieron 24 horas encerrados en un hotel sin viáticos para comer. Los representantes del atletismo, tuvieron que regresarse a Caracas, porque la conexión que habían hecho era para Madrid y ellos iban a competir en Barcelona y con esa conexión no llegaban a tiempo para la  competencia. El voleibol masculino, que iba a Canadá, quedo varado en Lima y en busca de una conexión se trasladaron a Chile a ver que conseguían.
Dos muchachas, integrantes de la selección nacional de voleibol, que iban al Grand Prix Mundial a celebrarse en Australia, pudieron continuar su vuelo vía Sao Paulo, Pero, el burócrata enchufao del ministerio, no les advirtió que ya el equipo se había regresado a Caracas por no haber podido conseguir una conexión para Australia, provocando un nuevo forfeit en esa disciplina deportiva.
El equipo de atletismo juvenil que iba al Panamericano, corrió, por así decirlo, con mejor suerte porque la competencia era en la ciudad de Trujillo en Perú. Sin embargo, también les toco vivir su penuria. No consiguieron conexión para Trujillo y se tuvieron que calar un viaje de 11 horas por carretera, llegando casi a la misma hora del inicio de las competencias.
Frente a ese desastre, de absoluta incompetencia de las autoridades deportivas, el Ministro del Deporte, Pedro (Forfeit) Infante al ser consultado sobre la situación, respondió haciendo honor a su nombre, con un arreglo personal de la canción ¨Ando Volando Bajo¨ que hizo famosa su homónimo cantante mexicano.
Tu y las reservaciones / me tienen loco.
Tu y las conexiones / me van a matar
Yo no naci pa ser pobre / me gusta todo lo bueno / que dejan las comisiones..

lunes, 14 de agosto de 2017

ALFONSO L.TUSA C El Juego que Nunca Olvidaré. Tony Conigliaro.



The Game I’ll Never Forget. George Vass. Bonus Books. 1999.  Pp. 47-51.

   Pocos peloteros han tenido un comienzo tan prometedor como el que tuvo el jardinero Tony Conigliaro con los Medias Rojas de Boston. Bateó 24 jonrones en su temporada de novato en 1964, y el año siguiente lideró la Liga Americana con 32 vuelacercas a los 20 años de edad. Aparentemente estaba destinado a la grandeza hasta que fue golpeado en la cara por un pelotazo en 1967. Nunca más fue el mismo pelotero. Falleció a los 45 años de edad en 1990.

   No me gusta hablar de eso, el recuerdo es horrible. No soporto pensar en eso, me enferma. Primero fue el soplido, el silbido en mis oídos, el dolor intenso, terrible.

   En un momento estaba parado en el plato. En el siguiente movimiento yacía en el suelo, y cuando recuperé el sentido, no estaba seguro de lo que había pasado y no podía ver. El hueso de mi mejilla estaba roto. Mi ojo estaba inflamado.

   Era 1967, el año cuando los Medias Rojas ganaron el banderín. Estábamos en una cerrada batalla de cuatro equipos, cuando enfrentamos a los Angelinos de California el 18 de agosto.

   El derecho Jack Hamilton lanzaba por los Angelinos. Le bateé un sencillo en el segundo inning.  Eso subió mi promedio hasta .290. Tenía una buena temporada, 20 jonrones para mediados de agosto, 67 carreras empujadas. Pero todo terminó en un instante.

   Cuando fui a batear en el cuarto inning, había dos outs, nadie en base. Me paré allí, ajusté mi casco, tal vez me acerqué un poco al plato, como siempre lo hice.

   Hamilton solo hizo un lanzamiento. ¿Fue una recta? No lo sé. Nunca la vi. Me dicen que la pelota se le escapó de las manos, salió disparada. Debió haber sido así. 

   No puedo recordar nada. Solo el zumbido terrible en mis oídos, el silbido, el dolor. Era intenso. Nunca había sentido algo como eso. Ni lo he vuelto a sentir después. Quiero olvidarlo, trato de hacerlo.

   Me sacaron del terreno en camilla. Estaba consciente y sabía lo que había ocurrido. Pero era como una pesadilla. Después me enteré de que ganamos el juego 3-2 pero ya eso no me importaba. El dolor en el lado izquierdo de mi rostro era terrible.

  El ojo estuvo cerrado durante los primeros siete días, y los médicos no sabían cual sería el resultado, que tan seria era la lesión. Cuando el ojo se abrió, los médicos descubrieron que se había formado una vesícula y se había roto, parecía que mi visión se había dañado permanentemente.

   Todavía había esperanza de que se estabilizara la condición. Fui al entrenamiento primaveral de 1968, pero sabía que no podía hacer nada. No podía ver la pelota, no tenía ninguna percepción de profundidad. Cuando fui examinado de nuevo, los médicos me dijeron que la condición estaba empeorando.

   Estaba afectado cuando tuve que anunciar en abril de 1968 que no podría volver a jugar. Estaba convencido de eso. No había razón para pensar que sería capaz de ver lo suficientemente bien la pelota parta batear. No podía hablar de beisbol. Ni siquiera me animaba a pensar en eso.

   Estuve en la banca (con un permiso especial) en la Serie Mundial de 1967 ante los Cardenales de San Luis. Fue duro sentarse ahí y ver sin ser capaz de ayudar.

   Pero entonces todavía tenía esperanzas de que para la primavera todo estaría bien. Cuando llegó la primavera y descubrí que no podía ver lo suficientemente bien para jugar, que mi ojo estaba empeorando, estaba abatido.

   Me fui a cantar en un club nocturno, solo para tener algo que hacer, solo para tener algo en que distraer la mente luego de lo que había ocurrido. Los próximos meses de 1968 fueron los peores de mi vida. Me sentía como si hubiese sido torturado.

   No podía comer. No podía pensar. No me podía mantener de pie. Mi visión del ojo izquierdo había sido 20-15. Ahora era 20-30. No podía leer. Me derrumbé. Atravesaba un camino espinoso. Había perdido toda esperanza.

   Quienes me aliviaron en esos difíciles momentos fueron los integrantes de mi familia, mi padre, mi madre y mis dos hermanos menores, Billy y Richie. Ellos siempre estuvieron a mi lado. Creo que mi padre se sentía peor que yo por lo que había ocurrido, pero nunca lo demostró.

   Me dijo, “Te pudieron haber matado, pudieras estar muerto ahora mismo. Deberías estar agradecido por estar vivo”.

    Y tenía razón. Cuando empiezo a sentir pena por mi, pienso en todas las personas que fueron más desafortunadas que yo, quienes perdieron los brazos o las piernas, o quienes quedaron completamente ciegos. Y pienso “¿De que me quejo?”

    Nunca disfruté cantar en los clubes nocturnos. Había sido divertido antes, cuando no estaba obligado a hacerlo, pero no ahora. Solo era algo que hacer.

   Traté de pitchear, de entrenar en el estadio, en las mañanas, cuando no había más nadie sino el coach de pitcheo y yo. Pero cuando me advirtieron que eso podía empeorar mi condición. También tuve que renunciar a eso.

   Ese debió haber sido el punto más bajo de mi vida. Ni siquiera podía ir al estadio a ver jugar a mi equipo. No es que no quisiera ir, sino que no podía soportarlo. Fui a un solo juego todo ese verano, y solo porque el gobernador me iba a entregar un premio.

   El premio era por coraje, pero para mi eso no era coraje para nada. No había nada que pudiera hacer acerca de lo que me había ocurrido, y no pienso que tratar de no sentir pena por ti mismo sea algo que merezca llamarse coraje.

   Estuve solo tres innings en ese juego. Lo más difícil de hacer sin llorar fue escuchar el himno nacional. Me fui a casa y vagué por los pasillos.

    Más adelante ese verano, me dieron las primeras buenas noticias. Los médicos me dijeron que mi condición se había estabilizado y que si quería podía intentar pitchear otra vez.

   Cuando fui a la Liga Instruccional de invierno en Florida en 1968 no tenía esperanza de hacer otra cosa que no fuese pitchear.

   No sé si me pude convertir en pitcher o no. Pero cuando bateé me pareció ver bien la pelota, y estaba bateando líneas. Billy Gardner, mi manager en esa liga, me dijo, “Mira, estás loco si sigues pitcheando, de la manera como estás bateando deberías regresar al jardín derecho”.

   Seguí su consejo y continué bateando hasta que llegó el momento de ir a mi próximo examen de la vista en Boston, el 20 de noviembre de 1968, el Dr. Charles Regan, quien me examinó, estaba sorprendido”.

   “Debes haber estado yendo a la iglesia regularmente, rezando tu rosario, porque este es un pequeño milagro”, me dijo él. “No hay explicación para lo que ha ocurrido. El hueco de tu retina se ha cerrado. La vista de tu ojo izquierdo es 20-20”.

   Ese fue el comienzo de mi regreso, el cual duró un par de temporadas. Jugué lo suficientemente bien (.255, 20 jonrones, 82 carreras empujadas, en 141 juegos) para ser el regreso del año en 1969, y a pesar de los problemas recurrentes fui capaz de mantenerme jugando hasta que finalmente me retiré.

  El beisbol es mi vida, doy gracias a Dios por darme una segunda oportunidad, una oportunidad que nunca pensé tener o tuve alguna esperanza de tener, luego de lo ocurrido en ese juego de 1967.

Traducción: Alfonso L. Tusa C. 15-07-2017