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miércoles, 29 de julio de 2020

TARJETA ROJA Jesús Elorza




Muy contento iba Pedro con su balón de futbol bajo el brazo, acompañado de sus amigos, rumbo a la cancha del barrio. En el trayecto, los jugadores no dejaban de expresar su satisfacción de poder volver a jugar.

-Ya estaba ladillado con esa cuarentena radical que me tenía limitado al video juego "Fifa" dijo uno de los muchachos.

-Otro intervino para preguntar si conocían el caso del Presidente de la Federación Venezolana de Futbol.

-¿Qué pasó?, expresaron sus compañeros.

Bueno, al tipo le sacaron "Tarjeta Roja" en la reunion de la Conmebol y no lo dejaron participar de pleno derecho en su condición de presidente, sino como "invitado" sin derecho a voto.

-¿Y esa vaina por qué?

Cáiganse pa’tras, la razón fue que el susodicho "no aprobó el examen de idoneidad "....

-¿Y que examen es ese? Déjame googlear para ver que significa idoneidad. En cuestión de segundos les dijo a sus amigos que el concepto se refería a la aptitud, buena disposición o capacidad que algo o alguien tiene para un fin determinado. Se habla también de idoneidad cuando se considera que alguien es adecuado, apropiado o conveniente, para desempeñar determinados cargos o funciones dentro de una organización.

-¿Y por qué no era idóneo?

Aquí viene el tarjetazo rojo: Berardinelli no cumpliría con las exigencias de la FIFA y la Conmebol, por tener antecedentes penales en el territorio venezolano y además haberlos ocultado. Estas acciones van contra el reglamento de gobernanza de los entes del fútbol organizado.

-¿Y qué fue lo que hizo ese bichito?

Según sentencia del Tribunal Primero de Juicio del Circuito Judicial Penal del Estado Yaracuy, en el 2007 fue condenado a prisión de dos años, cuatro meses y quince días, por ser el autor responsable del delito de: USO Y APROVECHAMIENTO DE ACTOS FALSOS, Artículo 320 en concordancia con el Artículo 323 del Código Penal Vigente.

-No dejes por fuera que ese falsificador también tiene otra acusación, como responsable de la FVF, de descontarle un 2% a los clubes por transacciones financieras que se depositan en bancos del exterior.

-Lo último en esta novela gansteril, es que la Contraloría de Venezuela ordenó congelar las cuentas bancarias de Berardinelli, por presuntas irregularidades administrativas en el manejo de recursos estatales concedidos a la FVF, como medida precautelativa a objeto de impedir que el sujeto de marras continúe cometiendo ilícitos con el Patrimonio de la Federación.

Una de las irregularidades por las cuales se le acusa está relacionada con los pagos de los premios a los futbolistas venezolanos que destacaron en el Mundial sub 20 del año 2019 y que los propios jugadores exigieron en su momento. Entonces la Vinotinto finalizó segunda tras caer en el encuentro final ante Inglaterra.

Ese tipo es un mañoso, pero ahora me pregunto ¿qué hacían el resto de los directivos con las decisiones del bichito? ¿Cómplices o pajuos que están en un cargo para no ejercerlo? Imagínense las consecuencias de este hecho, en cuanto que el actual vicepresidente de la Federación es nada mas y nada menos que Ministro de la Juventud y el Deporte y puede pasar a ser Presidente de la FVF.

- Ese está jugando como “caimán en boca ‘e caño”; ya empató el récord totalitario de Eduardo Álvarez (Ministro, Presidente del IND y el COV) al ser también ministro, presidente del IND y ahora de la FVF. Tengan la seguridad que ahora irá por la superación de ese récord y aspirara a la Presidencia del COV....EL REY SOY YO, le dice a sus seguidores milicianos del deporte.

Pedro, intervino para pedirle a sus compañeros que empezaran a jugar. Se organizaron las oncenas y cuando estaban a punto del pitazo inicial......llego uno de los muchachos que venía retrasado, gritando a todo pulmón GGGGOOOOLLLL....PPPEEE a la federación. las fuerzas policiales del régimen detienen a Berardinelli .

Los muchachos comenzaron a jugar pero seguían pendientes de los sucesos en la federación por que las acciones de las alimañas pudieran provocar la desafiliación de Venezuela por parte de la FIFA

miércoles, 22 de julio de 2020

BRENT STROM RECUERDA SU DEBUT EN LAS GRANDES LIGAS Por David Laurila Fangraphs.com.


 

19 de Julio de 2020


Traducción: Alfonso L. Tusa C. 22 de julio de 2020.

Nota del traductor: Brent Strom fue coach de pitcheo de los Navegantes del Magallanes en LVBP, a comienzos de la década de 1990.

 

Brent Strom tuvo una mejor carrera como jugador activo de lo que le gusta reconocer. Sus números ciertamente no son impactantes, pero lanzó 501 innings en grandes ligas y pitcheó 16 juegos completos, tres de los cuales fueron blanqueos. Al lanzar para los Mets de Nueva York, Indios de Cleveland y Padres de San Diego el zurdo de ahora 71 años de edad logró una respetable efectividad de 3.95 en partes de cinco temporadas.

   Mi invitación para revisitar su debut en MLB, con los Mets el 31 de julio de 1972, trajo anécdotas entretenidas y una sana dosis de auto desprecio. Ahora en su séptima temporada como coach de pitcheo de los Astros de Houston, Strom es áspero y comprometido a partes iguales como relator de historias.

   Contra los Expos de Montreal aquella noche particular, Strom estuvo estelar. Solo permitió dos imparables y un par de carreras, solo una limpia, en seis innings y dos tercios. Strom ponchó siete, y a pesar de salir del juego en ventaja, no tuvo decisión.

   Su entrenador de la escuela secundaria fue al estadio a verlo.

 “Bernie Flaherty, quien falleció, había prometido que si yo llegaba a las grandes ligas estaría allí para mi primer juego”, me dijo Strom. “Voló desde San Diego hasta Nueva York para verme pitchear contra los Expos esa noche, lo cual fue muy agradable. Al menos no lo desilusioné en aquel juego”.

   Otro notable también estaba ahí, detrás del plato, a diferencia de Flaherty no estaba mirando desde la tribuna. Estaba cantando bolas y strikes.

   “El árbitro principal era el gran Doug Harvey”, dijo Strom. “Irónicamente, el solía oficiar mis juegos de baloncesto cuando yo jugaba en San Diego High School. Recuerdo que él corría la cancha de arriba abajo con un chicle en la boca. No sé donde escupía, pero arbitró mi primer juego”.

   Strom no pudo recordar si fue Tim Foli o “el tipo que recibía muchos pelotazos” (Ron Hunt), pero uno de los primeros bateadores que enfrentó fue retirado con un batazo profundo a los jardines. Poco después llegaron palabras de consejo de una fuente inesperada.

   “Cuando bajé del montículo, el segundo bateador había sido out en batazo profundo entre el jardín derecho y el central, Doug Harvey se me acercó en mi camino hacia el dugout”, dijo Strom. “Dijo algo como, ‘Esto no es la escuela secundaria; más te vale mantener la pelota baja’, eso fue algo interesante”.

  Su sesión de calentamiento previa al juego también fue interesante, y no en el mejor sentido.

   “Estaba calentando en el bull pen, muy nervioso, y Jerry Grote era mi cátcher”, recordó Strom. “Había perdido su titularidad como receptor, Duffy Dyer me recibió en el juego, así que Grote tenía que calentarme. Lancé una curva contra el piso que lo golpeó, y él dijo una grosería y se molestó. Lanzó la mascota contra el suelo y se alejó. Así que he molestado al fosforito más grande del beisbol, y muy pronto tengo que salir a pitchear. El coach de pitcheo, Rube Walker, toma una mascota y recibe mis lanzamientos como en los años 1920s, medio parado como se ve en los videos viejos. No me sentía muy bien en ese momento. Afortunadamente, Duffy me ayudó a enderezar el barco”.

   Cuando mencioné que él empezó el juego con seis innings en blanco, Strom respondió: “Bien, eso seguramente se acabó rápidamente. ¿Estaba yo en problemas cuando salí? Haberme apuntado la derrota hubiese sido otro logro de mi ilustre carrera”.

   Willie Mays estaba jugando primera base para los Mets ese día, y mientras Strom lo recordaba, el juego en sí no se conecta con la leyenda del Salón de la Fama.

   “Lo que más recuerdo de Mays es verlo en el clubhouse, rodeado de Tom Seaver y Jerry Koosman”, dijo Strom. “Mi tiempo con los Mets fue corto, pero eso es algo que recordaré siempre”.

   Una última memoria, porque, bien, es propia de Brent Strom:

   “Mi próximo juego, lo perdí ante los Rojos de Cincinnati. “Permití mi primer jonrón ante Johnny Bench en la parte alta del segundo inning. Eso no fue lo que más de desilusionó. Después del juego, yo tenía mi brazo hundido en hielo y escuchaba a Ralph Kiner entrevistando a Bench. ¿Le preguntó, ‘Que pitcheo conectaste Johnny?’ Bench dijo, ‘No sé si fue una recta o un cambio’. Eso me dolió. Como dije, fue una carrera ilustre”.

 


 

domingo, 19 de julio de 2020

El Leganés desciende de forma cruel y Granada y Real Sociedad jugarán la Europa League


El Leganés confirmó su descenso a Segunda División después de no poder superar al Real Madrid en un partido épico y en el que lo dieron todo hasta el pitido final. Granada y Real Sociedad jugarán la Europa League

El Celta se salva a pesar de su pésima racha final
Leganés Granada Real Sociedad

El Leganés se quedó a centímetros de obrar el milagro de permanecer en Primera. El conjunto pepinero lo dio todo y más ante el Real Madrid y un sólo gol les faltó para evitar el descenso a Segunda División. Se acabó el sueño pepinero y continúa el del Celta de Vigo, que a pesar de su malísima recta final hizo bueno el empate ante el Espanyol y seguirá un año más en la máxima categoría. Sonríen los vigueses y también Granada y Real Sociedad, que lograron plaza en la Europa League en una jornada de vértigo.

Con el título decidido a favor del Real Madrid, la lucha quedaba en dos frentes en esta última jornada. Por una parte, la más importante por la supervivencia de los equipos, un descenso en el que el Celta tenía las de ganar y el Leganés soñaba con un milagro que pasaba por vencer al campeón en Butarque y esperar un pinchazo de su rival. Los dos puestos pendientes de dueño y acceso para la Europa League tenían más aspirantes, y Real Sociedad y Getafe debían afianzarlos con un resultado positivo en sus respectivos compromisos.

A pesar de los intentos del conjunto pepinero durante los 90 minutos, el Leganés confirmó su descenso a Segunda División de cara a la próxima temporada. Mermados por las bajas y por un tempranero gol de Sergio Ramos, los pupilos de Javier Aguirre no pudieron vencer al Real Madrid en Butarque, haciendo inerte cualquier posibilidad llegada del otro encuentro inmerso en la lucha, en el que el Celta no dio la talla y sufrió ante el Espanyol, pero acabó salvándose in extremis y con mucho mejorar por un equipo ideado para luchar por Europa al principio de la temporada.

Granada es de Europa League

En cuanto a los puestos de acceso a la Europa League, la complicada salida de la Real Sociedad ante el Atlético dejaba posibilidad de encontrar hasta dos plazas, con el Getafe también con cierta ventaja en su duelo ante el Levante. Los realistas lograron un meritorio empate en el Metropolitano para asegurar su plaza, y la otra fue a parar al Granada, que con una victoria brillante ante el Athletic Club y el pinchazo del Getafe se meten por sorpresa pero con todo merecimiento en la segunda competición a nivel continental de clubes.

viernes, 17 de julio de 2020

ALFONSO L. TUSA Sport Gráfico y aquella pasión semanal

Juan Salas dijo...

Esta madrugada me desperté pensando en como extraño el beisbol y de cómo sera esta temporada de la MLB. Y me fuí a mis recuerdos de niño cuando entendí como se jugaba beisbol y se llevaban las estadísticas y de la influencia que había tenido una revista en mi pasión beisbolera: Sport Ilustrado, pensé, pero no, esa es la gringa. Sport Gráfico vino a mi mente y decidí Googlear para ver si habían fotos. Y ví este articulo y lo leí con mucha emoción recordando los mismos sentimientos. En mi caso, la revista la llevaba a la casa el señor  que  diariamente llevaba el periódico a mi papa y los jueves era el día preferido para leerla. Y me identifiqué mucho con tu final. Yo también las atesoraba en mi closet, pero luego de regresar de estudiar un par de años en USA, mi mama las botó por lo del polvo y las cucarachas. No recuerdo haber llorado, pero si estar molesto y triste por haber perdido ese pedazo deportivo de mi vida que disfruté por tanto tiempo.
Gracias por el articulo y un poco de la historia de tan recordada revista.

 






Podían tener el examen más exigente de bachillerato, amanecer indispuestos, o tener que salir con papá para ayudarlo en una diligencia tempranera, de regreso mis hermanos subían a sus bicicletas y emprendían una endemoniada carrera que única la calle La Florida con la calle Las Flores, justo en la cuadra donde el carro de alquiler bajaba el paquete frente a la librería. Hablaban de la dirección de Monjas a Principal. Edificio Rialto Primer Piso o de Plaza La Estrella. Edificio Titania. Entrada “B”. Tercer Piso. San Bernardino, como si vivieran de toda la vida en Caracas. Y se referían a Delio Amado León, Enrique Hurtado, Francisco Camacho Barrios, Rodolfo Mauriello, Héctor Sepúlveda, Andrés Parodi, José Visconti, Humberto Galarza y todos los colaboradores de la revista como si compartieran con ellos todos los días en las oficinas de la misma.
 Sport Gráfico fue un fenómeno en el periodismo deportivo venezolano que complementó la información de las páginas deportivas de los diarios y redimensionó la presencia del deporte en la sociedad venezolana. Desde aquella primera aparición el 24 de febrero de 1965 en formato algo menor a las revistas de la época y con un accesible precio de 1,00 Bolívar, Sport Gráfico encendió el gusanillo de la afición deportiva y el gusto por los reportajes, entrevistas y análisis de calidad.
Edson Arantes Do Nascimento, Pelé, una fotografía blanco y negro, mientras ensayaba una jugada ante el Galicia F.C, ilustraba el primer número de Sport Gráfico. En la esquina inferior derecha decía “…¡Gustavo Gil es mejor que Pete Rose!...” El día que logré hojear aquel ejemplar en mis manos, experimenté la emoción intacta  de mis hermanos una tarde de marzo, cinco días después de haber aparecido. Fotografías deportivas en pleno desarrollo y sobre todo los artículos de muchos de aquellos narradores que escuchaban en la radio. Esa tarde había ido a la hemeroteca para realizar una investigación completa de varios períodos cronológicos de un beisbolista y terminé encapsulado en el génesis, o lo que imaginé como tal, de la revista que hicimos una religión, ir cada jueves en la mañana a buscarla a la librería, sin importar si teníamos los tres reales, éramos capaces de comprometer el bolígrafo Parker que papá nos había obsequiado en el cumpleaños, aunque más tarde en el día  regresábamos a la librería con la barbilla en el pecho y la cara de papá más afilada que una peinilla a reclamar el bolígrafo. Revisé cada detalle de cómo había empezado todo, Luis Musumeci en la Dirección, Francisco Camacho Barrios en la Jefatura de Redacción, Héctor Sepúlveda Jefe de Información, redactores: Calos Ortega, Rodolfo Mauriello, Ruben Mijares, Omar Buznego. Las oficinas estaban en el Edificio Central de la esquina Ibarras. En algún momento entre julio y diciembre de aquel 1965, Delio Amadeo León sustituyó a Musumeci en la Dirección de la revista y empezaron a llegar otros colaboradores, Luis Aparicio como columnista exclusivo, Ezra Dortolina también reportando el beisbol, Andrés Parodi en futbol, un enjambre de información que me hizo imaginar como serían todos aquellos números que nunca pude apreciar y que ahora intentaba encontrar como había hallado esta joya. Me enteré que en el Museo del Beisbol de Valencia tenían una colección parcial de la revista y por distintas razones se me ha dificultado esa visita, estos cincuenta años de la aparición de Sport Gráfico parecían una excusa más que valedera, más la agitación de esta actualidad se ha convertido en barrera inexpugnable.
 Algo en la edición de la revista transmitía el compromiso y la determinación de realizar un trabajo de calidad, desde los textos que parecían creados justo a un costado del diamante beisbolero o detrás de la portería futbolística hasta el ángulo y la nitidez de las fotografías. Esa nitidez nos permitió sospechar hacia mediados de 1974, que Sport Gráfico vivía sus últimos días. Les preguntaba a mis hermanos porque los proyectos positivos tenían corta vida en el país. La única respuesta fue un par de hombros encogidos y una mueca de espantapájaros. Aquel jueves de mediados de mayo intenté decirle a papá que detuviera el Malibú anaranjado frente a la iglesia Santa Inés, solo que tenía pendiente una diligencia en una entidad bancaria. Me dijo que ya tendría tiempo de conseguir aquella revista. Casi saqué medio cuerpo por la ventanilla trasera, en el paraban del quiosco, el rostro del futbolista Gianni Rivera burbujeaba bajo el recuadro con letras blancas en fondo anaranjado de Sport Gráfico. Sobre la chaqueta azul de la selección italiana aparecían sus declaraciones sobre el inminente mundial de Alemania. Me escapé del Malibú y registré como siete cuadras de la calle Mariño y la Bermúdez en dos direcciones, cuando intentaba buscar en la tercera, papá me detuvo con mirada torva y me reclamó porque no lo había esperado en el carro. El resto de la tarde y los próximos días recorrí en vano todos los quioscos, librerías y quincallas. En todas partes me decían: “Eso voló hijo…es que se regó que ese era el último número de esa revista”.
 Mis hermanos bromeaban conmigo porque seguía madrugando los jueves frente a la librería, me sentaba en un banco de la Plaza Montes a esperar que llegara el carro de alquiler, a eso de las ocho de la mañana un Ford Fairlane con dos manchas de masilla en el capó frenaba y salía el chofer, sacaba el paquete de El Nacional, el de El Universal, el de Meridiano, me emocionaba cuando templaba un bulto más pequeño y volteaba hacia las hojas secas de la plaza cuando reparaba que se trataba de Gaceta Hipica, desandaba las cuadras por la calle Flores, con muchas portadas en mi espacio visual, el casi no hit no run de Graciliano Parra, la maravilla del Látigo Chavez, los 21 ponches de Lew Krausse, las hazañas de Gene Brabender, Sandy Koufax y el Yom Kippur, los Orioles de 1966, el guante mágico de Dámaso Blanco, la dupla Tovar-Davalillo, el Sueño Imposible de los muchachos cardíacos de Boston, un pitcher llamado Bob Gibson, la medalla olímpica de Morochito Rodríguez, los estacazos de Clarence Gaston, la consagración de Enzo Hernádez, los Milagrosos Mets, la aspiradora de Brooks Robinson, la Serie del Caribe de 1970, el Mundial de Futbol México ’70, el campeonato nacional de Beisbol Juvenil de Cumaná en agosto de 1970, las hazañas de Mark Spitz y el septiembre negro de los Juegos Olímpicos, aquella fractura en el tobillo de David Concepción, la dinastía de los Atléticos de Oakland. De pronto tenía una gran investigación arqueológica de la que no quería salir para evitar la ausencia de aquel último número. Tenía el consuelo de todos aquellos ejemplares acumulados, los guardaba con celo bajo la cama. De vez en cuando escuchaba a mamá quejarse que esas revistas viejas solo traían cucarachas y chiripas. La miraba con ojos a punto de lluvia, intentaba decirle que esas revistas significaban mucho para mí, solo bajaba la cabeza y salía del cuarto. El hecho me sorprendió regresando de unas vacaciones de Cumaná, corrí a meter la mano bajo de la cama, quería sumergirme en otra expedición arqueológica, pero no tocaba nada, me lancé al piso y buceé hasta el fondo del polvo acumulado, solo había telarañas y el frío del granito. Allí me quedé sollozando el resto de la tarde. 

martes, 14 de julio de 2020

ASÍ NACIÓ EL CARACAS BASE BALL CLUB POR JAVIER GONZÁLEZ

 

En el marco de los 75 años de Caracas BBC invitamos a reconocidos periodistas deportivos del país a escribir artículos para conmemorar el mes aniversario de la franquicia. A lo largo del mes de mayo podremos leer desde su perspectiva y algunos a través de anécdotas, lo que es Caracas para ellos y para el país. El tercero en el orden al bate es el historiador Javier González:

 

En 1940, el nombre de “Princesa” retumbaba en los campos de la pelota amateur del litoral central. Se trataba de un equipo de la Cervecería de Maiquetía, que había sido fundado a comienzos de los años 30 por Jesús Corao.

Tras ganar el torneo guaireño de ese año 40, Corao decidió llevarse el equipo a Caracas. Pero antes, lo reforzó con jugadores de la talla de Juan Francisco “Gatico” Hernández, Luis Romero Petit, Héctor Benítez “Redondo”, Ramón “Dumbo” Fernández, José Pérez Colmenares, Guillermo Vento y Félix “Tirahuequito” Machado.

Con este trabuco, el Princesa ganó invicto el torneo caraqueño. Para entonces, agosto de 1941, Abelardo Raidi, Manuel Antonio Malpica y otros, se encontraban seleccionando a los peloteros que formarían parte del equipo criollo que intervendría en la IV Serie Mundial de Beisbol Amateur.

A principios de septiembre se supo que 7 jugadores del Princesa habían sido seleccionados para el máximo evento de la pelota aficionada. “Dumbo” Fernández, Vento, Finol, el “Gatico” Hernández, Pérez Colmenares, Romero Petit y Benítez “Redondo” formaron parte de la selección venezolana que nos representó en Cuba.

La hazaña que cambió el deporte

Sin proponérselo, ese grupo de muchachos dividió en dos la historia de nuestro deporte, en general, y del beisbol en particular. El 22 de octubre de 1941, la novena criolla derrotó tres carreras por una, en partido extra, al conjunto cubano para darle a Venezuela su primer título mundial en cualquier disciplina deportiva.

Aprovechando la pasión por el beisbol que estalló en toda la geografía nacional, en diciembre de 1941 la Cervecería Caracas adquirió el estadio San Agustín, siendo llamado desde entonces Estadio Cerveza Caracas.

Paralelamente, uno de los socios mayoritarios de la empresa cervecera, el ingeniero Martín Tovar Lange, hombre vinculado al beisbol desde los años 30 e imbuido por una propuesta hecha por Jesús Corao, realizaba diligencias para el patrocinio de un equipo de beisbol.

En abril de 1942, la directiva de la empresa, en asamblea general extraordinaria, aprobó patrocinar el equipo de Tovar Lange. En el pacto se le autorizaba a utilizar el nombre de Cervecería Caracas en el uniforme.

Desde entonces, y hasta muchísimos años después, se pensó que ese club de pelota era de la Cervecería Caracas C.A., y no fue así. El equipo era de Tovar Lange. Y así lo confirman varios documentos, entre ellos uno fechado en Caracas, el 28 de diciembre de 1949, en donde Tovar Lange afirma que, “con la autorización de la Compañía Anónima Cervecería de Caracas, he fundado años atrás en esta ciudad un club de pelota con el nombre de Cervecería Caracas que tiene por objeto presentar en público competencias de base ball tanto en ésta ciudad como en el interior y exterior de la República”.  

En mayo de 1942 se conoció oficialmente que el Princesa le cedía no sólo algunos de sus mejores jugadores sino su puesto en el campeonato de segunda división al Cervecería Caracas.

Cervecería Caracas salta al terreno

El 10 de mayo hizo su estreno el Cervecería Caracas. “Apenas saltó al campo, el Cervecería se hizo de un apasionado público. Era un equipo que en parte recogía la tradición del “purocriollismo del Royal (…) A esa tradición le añadía el interés que había por los jugadores campeones del 41”, detalló la prensa.

El Cervecería arrancó con buen pie, pues derrotó a los Criollos de Puerto Cabello 7 a 3.  

El surgimiento de una rivalidad eterna: Caracas-Magallanes

Luego de lograr el título en segunda categoría, Corao se reunió con Pablo Morales y Oscar “Negro” Prieto, dos personajes ligados al mundo del espectáculo deportivo, en especial al de la lucha libre, pero con cierta experiencia en el montaje de eventos beisbolísticos, para solicitarles que organizaran un encuentro entre Magallanes y Cervecería Caracas. La idea de Corao era revivir la rivalidad de los años 30 entre Royal Criollos y Magallanes.

El 31 de octubre de 1942, con un estadio Cerveza Caracas lleno, se enfrentaron Magallanes y Cervecería Caracas. Vidal por los turcos y “Patón”Carrasquel por los lupulosos. Ese encuentro revivió en el imaginario popular la rivalidad entre royones y magallaneros.

Fue un partido en el que jamás los seguidores del Magallanes, sentados en la tribuna de la derecha, y los partidarios del Cervecería, atrincherados a la izquierda, dejaron de aupar con cánticos, pitos y cornetas, al club de su preferencia. Al final, Vidal blanqueó (4-0) al conjunto cervecero. Había nacido, sin que nadie se percatara, la rivalidad Caracas-Magallanes.

Cervecería asciende a primera división

Con participación de cuatro equipos: OSP de La Guaira, Venezuela, Magallanes y Cervecería Caracas, se inauguró el 20 de diciembre de 1942 el campeonato caraqueño de primera categoría.

Entre los jugadores del Cervecería figuraban Vidal López, Enrique Fonseca, Luis Zuloaga y José Antonio Casanova que le dieron título al conjunto lupuloso en el estreno. Dos temporadas más tarde, en 1945, última edición de la pelota de primera división, el equipo de las “Caras bonitas” logró el campeonato nuevamente.

Beisbol rentado: LVBP

Con esas credenciales de equipo ganador llegó el Cervecería Caracas a los inicios de una nueva etapa en la pelota criolla: La Liga Venezolana de Beisbol Profesional (LVBP), creada el 27 de diciembre de 1945 por los propietarios de los cuatro clubes de primera división: Martín Tovar Lange (Cervecería Caracas), Carlos Lavaud (Magallanes), Juan Reggeti (Vargas) y Juan Antonio Yanes “Yanesito” (Venezuela).

El sábado 12 de enero de 1946 se dio inicio al primer torneo de la LVBP. Ese tarde Magallanes venció 5 a 2 al Venezuela. Al día siguiente se estrenaron Cervecería y Vargas, que le propinó una paliza de 12 a 1.

En la temporada 1947- 48 el Cervecería logró su primer título en la LVBP y en la campaña siguiente (1948-49) revalidó esa condición.

Adiós al “Purocriollismo”; Chao Cervecería

A las pocas semanas de haberse iniciado la temporada 1949-50, el Cervecería Caracas hilvanó una seguidilla de 14 victorias, lo que ahuyentó del estadio a los aficionados y provocó que la LVBP acordara ampliar el cupo de peloteros extranjeros en juego por club, de cinco a seis, con el fin de hacer más parejo el torneo. De allí que el siguiente campeonato lo iniciara el Cervecería un tanto en desventaja con el resto de sus contendores. El equipo no dio pie con bola en ese torneo 1950-51. Entonces su propietario, Tovar Lange, convocó a los dueños de los otros clubes a una reunión en la sede de la Liga. Allí le preguntó a cada uno si estaban dispuestos a cederle algunos de sus mejores puntales nativos para reforzar al Cervecería. Todos respondieron que no. El mandamás caraquista  planteó la posibilidad de reducir el número de refuerzos extranjeros. La respuesta también fue negativa. No le quedó otra opción que traer importados.    

El 15 de diciembre de 1950 Tovar Lange anunció que el Cervecería Caracas dejaba de ser un equipo de puros criollos. El 28 arribaron al país los primeros importados: El catcher Lester Fusselman y el inicialista Morris Mozzali, quienes se estrenaron al día siguiente. Posteriormente, llegaron otros cinco refuerzos más: Los pitchers Roy Parker, Ernie Shore y Earl Mossor, el infielder Roy Dueñas y el jardinero Wilmer Fields.

Despido masivo en el Cervecería; nueva crisis

El rompimiento del “purocriollismo” provocó el despido de 11 jugadores del Cervecería.

El conjunto capitalino quedó a casi ocho juegos de su más acérrimo rival, que cargó con el título, pero el manager José Antonio Casanova vaticinó que el equipo cervecero sería invencible con jugadores importados.

El 12 de octubre, reforzado con extranjeros, el Cervecería Caracas comenzó la temporada 1951-52 con 17 victorias consecutivas, lo que provocó un descalabro total en el beisbol rentado. El público se alejó del estadio ante la evidente superioridad del conjunto capitalino. Todos los equipos sufrieron cuantiosas pérdidas económicas.

En venta el estadio Cerveza Caracas

A todas estas, la directiva de la Cervecería Caracas se había reunido de emergencia para discutir el futuro de la empresa en el beisbol, pues los ingresos por venta de cerveza en el estadio bajaron casi en un 70%, debido a la escasa afluencia de aficionados. Y para colmo de males, ahora se planteaba, en el mundo del beisbol local, cambiar de escenario. Tanto la LVBP como el propio Tovar Lange pretendían jugar a partir de la temporada 1952-53 en el recién inaugurado estadio Universitario. La empresa cervecera, en esa reunión, consideró vender el estadio.

El 27 de marzo, una noticia estremeció aún más los cimientos del beisbol criollo: Tovar Lange informó que “el Stadium Cerveza Caracas estaba en venta por 4 millones de bolívares”.

En mayo, otra noticia impactó a la directiva de la Cervecería Caracas. La Federación Internacional de Beisbol Amateur anunció la necesidad de desvincular las marcas alcohólicas y de cigarrillos del deporte.

La Cervecería Caracas le retira el apoyo al equipo de Tovar Lange

El 8 de julio de 1952, Oscar Machado Zuloaga, presidente de la Cervecería Caracas, le envió una comunicación a Tovar Lange, en la que le participa que, debido a las “diferentes controversias que se han suscitado en los últimos meses en diversos sectores en relación con el último Campeonato de base-ball profesional, (….) ha llegado el momento de reconsiderar la autorización que se le dio para usar el nombre de la Cervecería en el Club de su propiedad,” (…) por lo tanto la Junta que presido ha llegado a la conclusión de que para el mejor desarrollo y bienestar del deporte, se dé por cancelada dicha autorización”.

El Cervecería Caracas cambia de nombre

Lo primero que hizo Tovar Lange fue cambiarle el nombre a su equipo, suprimiéndole el Cervecería y denominándolo Caracas a secas.

En la sesión del lunes 24 de julio, la directiva de la LVBP y sus miembros afiliados aceptaron el cambio de nombre de Cervecería Caracas BBC a Caracas BBC.

Seguía siendo el mismo equipo, o como bien lo dijo el periodista de El Nacional, Federico Pacheco Soublette: “Es el mismo producto con otro empaque”.

Tovar Lange vende el Caracas BBC

El 8 de agosto Tovar Lange le dirigió una nueva carta a la directiva de la LVBP para informarle que, “debido a circunstancias insuperables relacionadas con mis ocupaciones, me he visto precisado a desprenderme de las actividades del baseball, a las que tanto tiempo venía ligado como propietario del “CERVECERÍA CARACAS BBC”, hoy denominado “CARACAS BBC”, y en consecuencia, participo a ustedes que he cedido y traspasado el “Caracas BBC” con todos sus derechos y acciones, al señor Pablo Morales”.

El 19 de agosto se firmó el documento de compra-venta del Caracas, “en el que Morales recibe, además de la propiedad del mencionado equipo, la franquicia de la Liga Venezolana de Base Ball Profesional y los contratos con los jugadores de Base Ball profesional firmados hasta ese momento”. El precio de la venta del Caracas fue Bs. 75.000,00.

Morales se convirtió así en el nuevo propietario del Caracas, aunque no en el único, pues Oscar “Negro” Prieto era su socio de palabra en el nuevo negocio. “Yo me encontraba en Sao Paulo, dijo años después Prieto, contratando unos luchadores para una empresa de lucha libre que teníamos Pablo y yo. Entonces Pablo me puso un telegrama comunicándome que Tovar Lange le había ofrecido venderle el equipo y él había aceptado. Cuando yo regresé ya Pablo había cerrado la compra y aunque quien firmó fue él, nosotros siempre tuvimos, hasta su muerte (1969), una sociedad de hecho basada en nuestras palabras”.  

Luego de fallecido Pablo Morales, la viuda de éste y sus hijos y Oscar Prieto elaboraron un nuevo documento de propiedad del equipo, para poder incluir a Prieto quien, como referimos, era socio de palabra.  

Para cumplir con la palabra empeñada, el 3 de septiembre de 1970, se constituyó la empresa CARACAS BASE BALL CLUB SRL, cuyos propietarios eran ahora la viuda e hijos de Pablo Morales, y Oscar “Negro” Prieto, esposa e hijos.

Posteriormente, en marzo de 2001, los herederos de Morales y Prieto elevaron el capital del equipo para que el Caracas se transformara en una Compañía Anónima. Un mes después, el 18 de abril de 2001, vendieron el Caracas C. A. a la empresa Ateneas Sport Holding Company, cuyo propietario es el Grupo Cisneros.

En resumen, el Caracas, cuyo nombre original fue Cervecería Caracas, ha tenido como propietarios, hasta ahora, a los señores Martín Tovar Lange, Pablo Morales y Oscar Prieto y a la empresa Ateneas Sport Holding Company, cuyo mayor accionista es el señor Ricardo Cisneros. Caracas BBC es el mismo equipo y la misma franquicia desde que en 1945 se fundó la LVBP.

viernes, 26 de junio de 2020

MIKE MCCORMICK RECUERDA COMO ERA EL BEISBOL EN LOS AÑOS 1950S Y 1960S. Herb Fagen. Baseball Digest. July 1998. Pp 64 – 72.





 El antiguo ganador del premio Cy Young cataloga a Roberto Clemente como el “out más difícil” y a Hank Aaron como el “bateador más puro”.


  Ubicado orgullosamente en la sala del hogar de Mike McCormick en Sunnyvale, California, está un trofeo Cy Young de la Liga Nacional. Aún así, el antiguo zurdo de los Gigantes de San Francisco, quien ganó ese premio en 1967, siente que tuvo mejores años que ese en el montículo.
   “Cuando miro mi carrera soy el primero en reconocer que el año del Cy Young no fue mi mejor año. Fue un buen año. Pero tuve dos o tres años cuando tuve marca perdedora que lancé mejor. No conseguí el triunfo, o el relevista no salvó el juego. No hacían las jugadas cuando las necesitaba. Hay muchas cosas que no puedes controlar. Lo sé. Los fanáticos no necesariamente lo saben. Y las marcas no lo muestran”.
   La carrera beisbolística de McCormick es interesante e inusual. Un fenómeno en la escuela secundaria en su lar nativo del sur de California, debutó en las mayores cuando solo tenía 17 años de edad en 1960, a los 20 años ganó el título de efectividad de la Liga Nacional y a los 21 ya había lanzado en dos juegos de estrellas. Algunas personas de beisbol empezaban a llamarlo el nuevo Warren Spahn.
   Entonces una serie de lesiones detuvo su meteórica carrera con los Gigantes. Al haber acumulado 54  victorias para cuando tenía 23 años de edad, los Gigantes sintieron que ya lo había dado todo, y en 1963 lo cambiaron a lo Orioles de Baltimore. En cuatro temporadas con los Orioles y los Senadores de Washington, ganó solo 24 juegos. Regresó a los Gigantes en 1967, y en una de las mejores temporadas de regreso, capturó el premio Cy Young de la Liga Nacional al liderar al viejo circuito con marca de 22-10.
  McCormick nació en Pasadena, California, el 29 de septiembre de 1938, y creció en Alhambra donde se convirtió en uno de los atletas más destacados del estado en la escuela secundaria.
  “No estoy seguro de recordar exactamente mi marca en la secundaria, porque eso ocurrió hace mucho tiempo. Pero si tuviese que escoger un número diría que fue algo como 40-2. Creo que todavía mantengo varios records de pitcheo en el sur de California, aun después de todos estos años. En un juego de playoff ponché 26 de 27 bateadores. El hecho de que ahora los pitchers no juegan los nueve innings, hace muy difícil que rompan ese record”.
   Originalmente, los dos equipos que mostraron más interés en McCormick fueron los Piratas de Pittsburgh y los Yanquis de Nueva York. Era tan buen lanzador que su entrenador de secundaria le consiguió la oportunidad de lanzar la práctica de bateo de los Hollywood Stars, el equipo filial AAA de los Piratas en la Pacific Coast League.
   En Nueva York fueron los campeones mundiales, los Yanquis quienes estuvieron interesados inicialmente en McCormick y no los Gigantes. Todo se detuvo porque como los Yanquis eran los perennes campeones mundiales, rechazaban hablar de bonos con los jugadores jóvenes de gran potencial.
  “Los Yanquis no le ofrecían bonos a nadie en aquellos días. Eran los Yanquis de antaño, y sentían que era un gran prestigio pertenecer a su organización, por eso no tenían que darle dinero a los jóvenes. Así que no tomé en serio esa oferta porque si no había bono, tenía la oportunidad de ir a la universidad con una beca”.
  En agosto de 1956, dos meses después de graduarse en la secundaria, McCormick firmó con los Gigantes de Nueva York. “Ni siquiera tenía la mayoría de edad en ese momento, mi papá tuvo que firmar por mí”, recuerda.
  Ocurrió que fue escogido para representar a la ciudad de Los Angeles en el juego de estrellas Hearst. Su compañero de cuarto en ese juego fue un adolescente de Georgia llamado Ron Fairly. El juego se efectuó en Polo Grounds y McCormick fue seleccionado jugador más valioso. Los Gigantes lo vieron jugar y les gustó lo que observaron. Dos semanas después le hicieron una oferta y él se unió al equipo.
   El día del trabajo de 1956, McCormick de 17 años lanzó su primer juego de grandes ligas ante los Filis de Filadelfia.
  Entré a relevar un inning. Le lancé a Del Ennis, Jim Greengrass y Stan Lopata. Nunca olvidaré eso. Todos batearon roletazos a segunda base. Lanzaba una recta retadora. Cuando andaba bien, los bateadores derechos bateaban muchos roletazos hacia mi en el montículo o por segunda base. Era lunes. El manager Bill Rigney me dijo: “Hijo vas a abrir el juego del miércoles por la noche contra los Filis”.
  “Quince minutos antes del juego me dijo: ‘Aquí tienes la pelota ¡Calienta!’ Yo estaba muy nervioso. Pienso que lancé tres o cuatro innings y concedí cinco boletos. No perdí. No sé si perdimos ese juego. Pero no fue exactamente un emocionante primer juego el que lancé.
  McCormick lanzó en tres juegos para los Gigantes en 1956. Tuvo dos aperturas, lanzó seis innings y dejó marca de 0-1.
  El año siguiente, 1957, fue la última temporada de los Gigantes en Nueva York. McCormick apareció en 24 juegos. Inició cinco juegos para una marca de 3-1. Sus tres triunfos permanecen como el tope para un pitcher de 18 años de edad en la historia de la Liga Nacional. Bob Feller, quien ganó nueve juegos para los Indios de Cleveland con 18 años de edad en 1937, tiene la marca de las grandes ligas.
   Los Gigantes de 1957 fueron dirigidos por Bill Rigney y terminaron sextos con marca de 69-85. Era un equipo de veteranos con poco poder. Willie Mays comandó la ofensiva con .333 de promedio al bate, 35 jonrones y 97 carreras empujadas. La única otra amenaza ofensiva de esa temporada fue Hank Sauer, de 40 años de edad, quien ganó los honores del premio regreso del año en la Liga Nacional al despachar 26 cuadrangulares y empujar 76 carreras en 378 turnos al bate.
   “Uno de mis grandes disgustos de ese año fue que tuvimos asistencias muy pobres”, recuerda McCormick. “Había juegos cuando te sentabas en el dugout y sentías que podías contar a los asistentes. Cuando anunciaron que el equipo se iba, la asistencia se derrumbó. La excepción ocurría cuando jugábamos ante los Dodgers. Recibí el cambio con los brazos abiertos. Porque eso significaba que iba de regreso a casa. Aunque no a Los Angeles, estaba regresando a  California”.
   Las cosas también cambiaron para los Gigantes. Jóvenes jugadores como Orlando Cepeda, Willie Kirkland, Felipe Alou, Jim Davenport y Leon Wagner, llegaron al equipo en 1958. McCormick estaba en una rotación de abridores que incluía a Johnny Antonelli, Rubén Gómez y Al Worthington. McCormick inició 28 juegos. Su marca de 11-8 incluyó dos blanqueos. Esa temporada los Gigantes mejoraron a 84-70, al terminar terceros detrás de los Bravos de Milwaukee y los Piratas de Pittsburgh.
  “Jugamos en Seals Stadium los dos primeros años”. Recordó McCormick. “San Francisco dio una gran bienvenida a los Gigantes. El primer día hubo un desfile. Fue el desfile más grande desde el fin de la segunda guerra mundial, con serpentinas y confetti. Había una gran diferencia respecto a la atmósfera de Nueva York. Nunca vi a Nueva York en sus mejores días. Pero esto era emocionante. Era un equipo nuevo. Era una ciudad nueva. Teníamos el estadio lleno casi todos los días”.
  En 1959 McCormick apareció en 47 juegos con marca de 12-16. Se redondeó el mejor cuerpo de pitcheo que los Gigantes habían tenido desde los días de Sal Maglie y Larry Jansen en 1951. La rotación incluía a Sam Jones (21-15), Johnny Antonelli (19-10) y Jack Sanford (15-12).  Solo McCormick, el relevista Stu Miller y Willie Mays sobrevivían del equipo que salió de Nueva York en 1957.
   Lo gigantes finalizaron terceros en 1959 con marca de 83-71. Batallaron todo el año. Los Bravos de Milwaukee y los Dodgers de Los Angeles igualaron al final de la temporada con marca idéntica de 86-68. Los Dodgers se apoderaron del banderín de la Liga Nacional al vencer en los dos primeros juegos del playoff postemporada.
   El año de 1959 también significó la llegada de Willie McCovey al uniforme de los Gigantes de San Francisco. Participó en 52 juegos, en 192 turnos al bate conectó para promedio de .354 con 13 jonrones y 38 carreras empujadas. Fue nombrado novato del año de la Liga Nacional, el mismo premio que había ganado su compañero Orlando Cepeda en 1958.
  “Fui el pitcher en el primer juego de Willie McCovey con los Gigantes”, recuerda McCormick. “Ahí bateó de 4-4 ante Robin Roberts y yo me apunté el triunfo en trabajo de nueve innings”.
 Los Gigantes estaban llenos de talento, gran talento beisbolero. Pero en cuanto a habilidad, nadie se le acercaba a Mays, insiste McCormick.
   “No siento otra cosa sino admiración por Willie Mays. Willie siempre jugaba cuando yo lanzaba. Él participaba en juegos diurnos luego de haber jugado la noche anterior, hasta cuando mi carrera estaba bien  avanzada. Yo tenía mucho respeto por sus habilidades. Aún así, él no era un líder en el estilo del capitán del equipo. Willie era un tipo muy tranquilo. Pero en cuanto a talento natural, era el mejor día tras día”.
   En 1960, los Gigantes tuvieron nuevo hogar y nuevo manager. El equipo se mudó a Candlestick Park y Alvin Dark sustituyó a Bill Rigney en la dirigencia. Eso también marcó la verdadera madurez de McCormick como pitcher de grandes ligas. Jack Sanford y Billy O’Dell cayeron por debajo de .500 ese año, y Sam Jones lideró el cuerpo de lanzadores con 18 triunfos. Pero fue McCormick quien surgió como el lanzador principal de los Gigantes en 1960. El zurdo de 21 años de edad fue seleccionado para participar en el juego de estrellas con el equipo de la Liga Nacional.  Tuvo marca de 15-12, con 154 ponches y una efectividad de 2.70 que lideró la liga.
   “Candlestick era un estadio terrible”, recuerda él. “Pero me gustaba lanzar ahí, porque siempre estaba frío y nunca te cansabas. Durante el día, era desventajoso para los bateadores. No tenían un buen trasfondo en el  jardín central. Plantaron aquellos árboles que se iban a tomar como cincuenta años en crecer para tener un buen trasfondo. Oi quejarse a muchos bateadores. Mays y algunos de esos bateadores conectaban pelotas hacia el jardín izquierdo que debieron ser jonrones pero el viento mantenía la pelota dentro del parque. No me gustaba ver los juegos ahí, pero adoraba pitchear en Candlestick”.
   McCormick tuvo en buen año en 1961. Su marca de 13-16 no refleja la verdadera historia. Ponchó su tope de bateadores con 164, lanzó tres blanqueos, y tuvo efectividad de 3.20. Fue seleccionado para el juego de estrellas por segundo año corrido. A los 22 años de edad ya había alcanzado los cincuenta triunfos en grandes ligas, una marca de la liga que luego fue rota por Dwight Gooden.
  Lo mejor aún estaba por venir, o al menos así parecía. Era un brillante pitcher de grandes ligas, un zurdo de control consistente. Tenía una buena recta viva, y una buena curva. Más aún, solo en talento, los Gigantes eran clase aparte en la liga, una unidad ofensiva extraordinaria, con buena defensa y buen pitcheo.
   En 1962 los Gigantes y los Dodgers terminaron el año con marcas idénticas de 101 triunfos y 61 derrotas. Por segunda vez en cuatro años el título de la Liga Nacional fue decidió en una playoff postemporada de tres juegos. Esta vez los Giganteas vencieron a los Dodgers  en el playoff y batallaron hasta el último out del séptimo juego de la Serie Mundial antes de caer ante los Yanquis.
  Pero para McCormick, la temporada de 1962 estuvo afectada por el dolor y la tristeza. Un dolor en el brazo de lanzar limitó su tiempo de juego. Lanzó solo 98.2 innings con marca de 5-5. Su efectividad se disparó hasta 5.19.
   “Desde 1958 hasta 1961 había sido el pitcher número uno o dos”, recuerda él. “Y de pronto te das cuenta que no eres parte de esa temporada ganadora. Fue una situación dura. Fui parte de eso. Pero no una parte regular”.
  “En realidad me lastimé el brazo durante la temporada de 1961.  Estaba empezando a tener problemas con los hombros. Pero eso ocurrió en medio de la temporada, mi brazo estaba en buena forma y fui capaz de lanzar así. El receso entre 1961 y 1962 me lastimó. No ejercitábamos el brazo entre temporadas. Cuando llegué al entrenamiento primaveral no pude librarme de eso. Cualquier daño que me hubiese hecho era un obstáculo. Fue el disgusto más grande de mi carrera”.
  Aún así, el se las arregló para participar de la emoción y consiguió lanzar en el playoff.
    “No había lanzado mucho en septiembre, así que el manager Alvin Dark me trae a lanzar en el segundo juego. Era el cierre del noveno inning, un out, y Maury Wills en tercera base. Es el turno de Ron Fairly y lo pongo en dos strikes. Usualmente no lanzaba sliders pero mi brazo estaba tan mal que intenté lanzar uno. Fairly batea un elevado corto al centro. Mays no hizo su tiro típico. Probablemente porque Wills era el corredor. Mays apresuró su disparo y este fue desviado. Esa fue la carrera ganadora y la serie se igualó a un juego. Hice lo que debía. Pero no funcionó”.
  El brazo de McCormick estaba dañado y los Gigantes hicieron poco por tratarlo apropiadamente. “No tuve asistencia médica de los Gigantes durante el año. El equipo me envió a tomarme la placa de rayos X y el resultado fue negativo. Esa fue la última vez que un médico me vio. Esa fue la última atención que tuve del equipo. Billy Pierce lo estaba haciendo muy bien, igual que Juan Marichal. Jack Sanford estaba teniendo un gran año. Así que pienso que su actitud era, ‘¿por qué deberíamos preocuparnos por este tipo?’ Por supuesto, en aquel tiempo no había cirugía ortopédica”.
  En 1963, los Gigantes enviaron a Mike McCormick, Stu Miller y el cátcher John Orsino a los Orioles de Baltimore, a cambio de los pitchers Jack Fisher y Billy Hoeft además del cátcher Jimmy Coker. El propio McCormick admite que fue un relleno. De verdad pensaba que su carrera había terminado. Sin embargo, de alguna manera el cambio era una bendición. Los Orioles inmediatamente lo enviaron al Johns Hopkins donde le suministraron inyecciones de cortisona. Algo que los Gigantes no habían considerado necesario.
   “Todavía no estaba al cien porciento. Así que mi primer año en Baltimore fue más o menos para el olvido. Tuve algunos juegos buenos y otros tantos malos. Pero el hombro todavía me molestaba”, dice McCormick.
  En dos temporadas con los Orioles, McCormick tuvo marca acumulada de 6-10. Entonces en el entrenamiento primaveral de 1965 fue cambiado a los Senadores de Washington. Las cosas empezaron a cambiar lentamente. Tiene memorias agradables de sus dos años con los Senadores, y cálidas palabras para su manager Gil Hodges.
   “Gil fue un buen manager. Una de las cosas que me gustaban de él era que era un buen disciplinario, era muy estricto con las reglas. Si tenías que estar en el terreno a las cinco en punto, mas te valía no llegar a las 5:01. Podías decir que eso era mezquino, pero él era así con todos”.
 “Nos llamábamos ‘The Nasty Nats’. Bromeábamos acerca de ser un grupo de inadaptados. Teníamos tipos como Don Zimmer, Frank Howard, Dick Nen, Phil Ortega, una cantidad de exDodgers. Era un equipo divertido. Ciertamente no éramos contendores, pero éramos competitivos”.
  McCormick agregó un nuevo pitcheo a su repertorio con los Senadores. George Susce, el antíguo cátcher de grandes ligas, y coach por mucho tiempo, le enseñó a lanzar el screwball.
   “Siempre tuve buen control, y cambiaba bien las velocidades. Siempre tuve una buena curva. No tienes que lanzar strikes para ganar, pero tienes que ser capaz de lanzar strikes. Hay que recordar que los bateadores son muy ansiosos. No les gusta tomar boletos. Le hacen swing a muchos envíos malos. Pero si se está en cuenta de 3 y 1 o 3 y nada, entonces hay que ser capaz de lanzar strikes”.
   McCormick se unió a la rotación de abridores de los Senadores ocupantes del octavo lugar. Allí también lanzó algo de buena pelota. En 1965 tuvo marca de 8-8 con 3.36 de efectividad. En 1966, lanzó 216 innings con marca de 11-14 y 3.46 de efectividad.
   En 1967, McCormick fue enviado de vuelta a los Gigantes, quienes lo consideraban un presumible quinto abridor, un pitcher utilitario que podía asumir labores de relevo largo o corto. Lo que no imaginaban de haber obtenido a tan bajo precio, era a un ganador del premio Cy Young. “Los Gigantes querían mi experiencia. Esa era la razón exacta por la cual me querían de vuelta”, declaró McCormick.
   Pero el destino intervino. Los Gigantes jugaban un doble-juego en Cincinnati a principios de temporada. McCormick perdió el segundo juego. Aún así, él lanzó bien. El 6 de junio, su marca era de 3-4, trabajaba como abridor ocasional y relevista. Lo que ocurrió a continuación, él nunca lo olvidará.
  “Fuimos a Houston y o Bob Bolin o Gaylord Perry, no recuerdo exactamente quien, tuvo que perder una apertura. Así que el manager Herman Franks me dijo, ‘Mike, quiero que hagas esta apertura’. Le dije ‘Bien’. Lancé nueve innings en el Astrodomo y gané. Eso me permitió hacer otra apertura”.
  “Gané 11 juegos seguidos. Pasé de tener marca de 3-4 a hacer lo que suponía que hiciera. Debido a que alguien perdió su apertura, ahora no podían sacarme de la rotación. Terminé ganando 22 juegos e igualé a Jim Lonborg de Boston y Earl Wilson de Detroit como los pitchers más ganadores de esa temporada en las mayores”.
  McCormick tuvo marca de 22-10 en 1967 con 2.85 de efectividad. Completó 14 de 35 aperturas, lanzó cinco blanqueos, tres contra los campeones mundiales Cardenales de San Luis, y ponchó 150 bateadores. McCormick y Ferguson Jenkins fueron los únicos pitchers de la Liga Nacional que ganaron 20 juegos esa temporada. Cuando se hizo el escrutinio final, el ganó 18 de 20 votos de primer lugar para el trofeo Cy Young. Jenkins y Jim Bunning recibieron un voto cada uno. También recibió 73 votos y terminó sexto en la votación del jugador más valioso.
  Tuvo la distinción de lanzar al lado de Juan Marichal, uno de los verdaderos grandes del juego. Que Marichal nunca ganase el premio Cy Young, a pesar de una carrera de Salón de la Fama con seis temporadas de 20 triunfos, y tres años con 25 victorias o más, habla del alto nivel de pitcheo que había entonces.
   Los Gigantes terminaron en segundo lugar en 1967, con marca de 91-71. Esa fue la tercera temporada seguida que el equipo terminaba en la segunda posición. Herman Franks enfrentaba un gran dilema: ¿Quien debería ser el pitcher abridor de los Gigantes en el juego inaugural en la temporada de 1968, su zurdo ganador del Cy Young o Marichal su derecho superestrella cuya marca había decaído a 14-10 en 1967?
   “El año siguiente (1968), estoy en los jardines”, recuerda McCormick. “Herman se acerca trotando y dice. ‘No tienes problemas si pongo a Marichal a iniciar el juego inaugural ¿o si?’ Le dije que me estaba preguntando, que él era el manager. Dijo que no quería que Juan se quejara. En verdad, esa era la última cosa que Juan haría. Así que Marichal abrió y ganó 14-1 o un marcador tan ridículo como ese. Abrí el juego siguiente y perdí 2-1 en once innings. Lancé el juego completo. Eso fijó el tono de ese año. Juan ganó 26 juegos en 1968”.
  McCormick tuvo marca de 12-14 (3.58 de efectividad) con los Gigantes una vez más segundos de la Liga Nacional en 1968. En el primer año de juego divisional, 1969, McCormick tuvo marca de 11-9 (3.34 de efectividad) mientras los Gigantes terminaban segundos de los Bravos de Atlanta en el oeste de la Liga Nacional.
   Pero de nuevo las lesiones empezaron a pasar factura. “Empecé a tener problemas con la espalda en 1969. Eso empeoró progresivamente. En 1971 me tuve que someter a una cirugía en la espalda. Salí bien de la cirugía, y fui invitado al entrenamiento primaveral. En mi opinión personal, debí haber hecho el equipo. Pero en realidad, estaba seguro de que los Gigantes estaban pendientes de una palabra ‘riesgo’. Y había un gran ‘riesgo’, tener que pagar el contrato de trabajo si yo me volvía a lesionar. Entendí eso. Hubo un acuerdo que decía que si ellos no se manifestaban en cierto tiempo, yo renunciaría. Me despidieron”.
   McCormick terminó su carrera de grandes ligas lanzando diez innings para los Reales de Kansas City en 1971. Se retiró del beisbol con marca de 134 victorias, 128 derrotas y un porcentaje de juegos ganados de .511. Lanzó 23 blanqueos y 91 juegos completos. El prodigio adolescente de finales de los años 1950s, el único pitcher en la historia de la Liga Nacional en conseguir 3 triunfos a la edad de 18 años, el joven zurdo que ganó el título de efectividad a la edad de 21 años, y un premio Cy Young para regresar a la palestra a los 29 años de edad, fue forzado a retirarse a la relativa joven edad de 33 años.
   Mirando los años en retrospectiva, él considera a Roberto Clemente el out más difícil y a Hank Aaron el bateador más puro. “Clemente era muy poco ortodoxo. No tenía zona de strike, podía irse de 5-0 con pitcheos por todo el medio del plato y luego batearme de 5-5, conectando mi mejor pitcheo en la esquina inferior externa. Los tipos que me dieron más dificultades fueron esos pequeños bateadores como Dick Groat. Tuve más problemas con ellos que con los jonroneros”.
  “Debí haber caminado a Aaron más de lo que lo hice. Me lastimaba con los jonrones, no con su promedio de bateo. Mi punto es que el tipo que bateaba detrás de él, Joe Adcock, no me podía batear ni con una raqueta de tennis. Yo lo sabía. Adcock lo sabía. No puedo decir porque. Solo hay tipos así. Pero mi naturaleza competitiva nunca me dejaba caminar a Aaron”.
   Al comentar sobre pitcheo y pitchers, él coloca a Sandy Koufax y Juan Marichal como los mejores de su época.
   “Vi a Sandy lanzar cuando quería renunciar. Estaba muy disgustado con su control. Una noche en el Coliseo, detrás del plato, me dijo que iba a abandonar, que no podía soportar la presión. Había tratado y tratado y nada funcionaba. Entonces en un receso entre temporadas, todo encajó. Todavía comparo a Marichal con él. Al ver a Juan lanzar 40 veces por temporada, tengo que decir que fue el mejor que vi en mi carrera”.
   También rinde homenaje a un par de lanzadores que lo impresionaron mucho. . Warren Spahn y Lew Burdette.
   “Tipos como Spahn y Burdette eran verdaderos maestros. Podían hacer muchas cosas con la pelota”.
   Al haber lanzado durante una época cuando el gran pitcheo estaba en la palestra, está desconsolado por el nivel del pitcheo de hoy.
   “Pienso que hay dos cosas que han matado al pitcheo: Una es la pistola de radar. Se toman decisiones basadas en cuan duro lanzan las personas. Ya no se lanza más con inteligencia, y eso es debido a la pistola. Si un tipo lanza a 83 millas por hora y hace out a todo el mundo, ellos dicen que no está lanzando lo suficientemente duro”.
   “La otra es el entrenamiento con pesas. Pienso que la mejor forma para que un pitcher fortalezca su brazo es lanzar. Estos tipos desarrollan sus músculos y estos se hacen rígidos. Ahora tienen más lesiones de las que nunca tuvieron. Ahora nunca se ve a los jóvenes lanzadores lanzar pelotas con los jardineros”.
   Acerca de cómo mejorar el juego de hoy, él ofrece un par de remedios sensibles. “Buscaría una manera para disminuir la libre agencia. Y me alejaría de los contratos de larga duración. No más de dos años como máximo”.

   Traducción: Alfonso L. Tusa C. 23 de junio de 2020.