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viernes, 5 de agosto de 2016

Andrés Reiner, uno de los grandes artífices del redimensionamiento del beisbol venezolano













ALFONSO L. TUSA C.


La noche de este jueves 4 de agosto, Pedro Ricardo Maio y 
Pascual Artiles, moderadores de un programa radial de Grandes Ligas, me sorprendieron con una noticia triste. El hombre de beisbol, el scout de tantos hallazgos importantes, el forjador de peloteros como Bob Abreu, Johan Santana, Melvin Mora, Richard Hidalgo, Raul Chavez, Alejandro Freire y tantos otros, había dejado de existir. De inmediato vinieron a mi memoria pedazos de la columna Extrainning de Rodolfo Mauriello o fragmentos de comentarios de John Carrillo en el circuito radial de los Navegantes del Magallanes o en transmisiones de Grandes Ligas, relacionados con el trabajo incansable, religioso casi indetenible durante los 365 dias del año de un señor llamado Andrés Reiner, quién desde su labores de asesor del Magallanes pasó a trabajar en el sistema de ligas menores de los Astros de Houston y tuvo mucho que ver con el resurgimiento de la organización y con la firma de muchos prospectos venezolanos de una era que el propio Carrillo llamó la época dorada del beisbol venezolano. Más adelante en el tiempo Reiner trabajaría con los Rays de Tampa Bay.  Maio refería como durante la tarde habían entrevistado a Bob Abreu y también habían leído o escuchado una entrevista de Melvin Mora. Ambos con voz entrecortada recordaban su relación deportiva y personal con Reiner.
 Particularmente recuerdo un artículo de Baseball Digest acerca de Johan Santana, luego que este ganara su primer premio Cy Young, donde se hablaba del viaje de varias horas por tierra que hizo Reiner desde Valencia hasta Mérida para ir a ver a un muchacho de 16 años, un pitcher zurdo. Varias personas le dijeron que era un riesgo, una inversión de tiempo, la molestia del viaje en bus, que probablemente todo ese esfuerzo terminaría en el cesto de la basura; además tenía que recordar que no solo debía convencer al muchacho, sino a sus padres. Reiner, imbuido de esa dosis de obstinación y optimismo que tienen las personas que alcanzan grandes metas, se subió al autobús, y aunque pasó momento difíciles tratando de convencer a los padres de Santana, terminó logrando la firma.
 Todos los peloteros coincidieron en que Reiner, más allá del buscador de talento que les planteó la posibilidad de firmar con una organización de beisbol profesional, fue un padre para ellos, una figura muy familiar que les aportó lo que ni sus propios padres podían darle. Siempre estaba ahí las 24 horas del día para darles consejos, observaciones, correcciones.
 Quizás la reflexión que más me impresionó fue la que hizo Melvin Mora, al plantear que los equipos Leones del Caracas y Navegantes del Magallanes deberían considerar realizar un tributo póstumo a Reiner, antes de uno de sus juegos de la temporada 2016-17, con la presencia de todos los peloteros preparados por Reiner para que firmaran al profesional que puedan asistir. Sería una ocasión inolvidable, uno de esos actos profundos que hacen del beisbol ese momento especial que complementa la vida de muchos.

Alfonso L. Tusa C. 05-08-2016. ©

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