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lunes, 14 de octubre de 2019

ELIUD KIPCHOGE ROMPE LA BARRERA DE LAS DOS HORAS EN LA MARATÓN Traducción: Alfonso L. Tusa C.


 

En Viena, el keniano alcanzó una marca que una vez se creyó inaccesible. Pero su tiempo, 1:59:40, no será reconocido como registro mundial.




Andrew Keh. The New York Times.
 12 de octubre de 2019.


  Viena—En una nublada tarde sabatina de Viena, en una ruta escogida especialmente para la velocidad, en un espectáculo atlético de proporciones históricas, Eliud Kipchoge de Kenia corrió los 42 kilómetros en el una vez inconcebible tiempo de 1 hora 59 minutos 40 segundos.
   Al convertirse en la primera persona en cubrir el maratón en menos de dos horas, Kipchoge, de 34 años de edad, logró una marca deportiva de proporciones casi míticas en el mundo de las carreras, al atravesar una barrera temporal que muchos consideraban intocable solo hace pocos años.
  Kipchoge, un ganador de ocho grandes maratones y tres veces medallista olímpico, se golpeó dos veces el pecho cuando cruzó la línea de llegada en el Prater Park de Viena, cubierto de hojas secas, donde se desarrolló la mayoría de la carrera en una larga recta de camino pavimentado recientemente, con redomas en cada extremo.
  Vitoreado por una multitud de espectadores, fue llevado en hombros por los miembros de su equipo, incluyendo a los 41 corredores profesionales quienes actuaron como marcadores del paso durante la carrera.
  Para Kipchoge, el hecho apenas pulió sus credenciales como el maratonista más grande del mundo.
    “Juntos, cuando corremos, podemos hacer de este un mundo hermoso”, dijo Kipchoge después de terminar.
   Por toda su magnitud, el logro será apreciado como algo simbólico. El impresionante tiempo, que fue 10 segundos más rápido que el 1:59:50 planificado por Kipchoge y su equipo, no será reconocido oficialmente como registro mundial porque no fue alcanzado bajo las condiciones de un maratón abierto y porque presentó una profusa rotación de marcadores de paso profesionales.
   Lo que le faltó al evento en reconocimiento oficial, pareció recuperarlo con teatro y proclamaciones grandiosas.
   La carrera, organizada por la compañía petroquímica INEOS, tuvo un ciclo de publicidad y auge comercial que la hacía parecer más a una pelea de pesos pesados que a una prueba atlética.
   Los organizadores llamaron la marca de las dos horas como “la última barrera del atletismo moderno” y trataron de imponer un hashtag, nohumanislimited, en las redes sociales.
  Kipchoge comparó varias veces un potencial maratón por debajo de dos horas con el primer viaje del ser humano a la superficie de la luna.
   “La presión sobre mis hombros fue muy grande”, dijo Kipchoge, quien reveló que había recibido una llamada del Presidente Uhuru Kenyatta de Kenia, la noche antes de la carrera.
   Cualquier que haya sido el alcance del logro, requirió una prodigiosa cantidad de planificación.
   Al buscar el ambiente más adecuado para que Kipchoge intentara tal hazaña, los organizadores del evento habían escogido a Viena: No era muy caliente, ni muy fría y para nada montañosa. La altitud, 540 pies sobre el nivel del mar, estaba bien, y estaba solo a un huso horario de distancia del campamento de entrenamiento de Kipchoge en Kaptagat, Kenia, donde había trabajado los últimos cuatro meses bajo la asesoría de su entrenador de mucho tiempo, Patrick Sang.
  Había llevado una existencia monástica allí, comiendo, durmiendo y ejercitándose con  el único propósito de correr rápido. A su entrenamiento normal, agregó ejercicios enfocados en la fuerza para disminuir la tensión en sus pantorrillas.
   El sábado, Kipchoge mostró las señales más sutiles de tensión en su rostro en la primera mitad de la carrera y cayó un par de segundos por debajo del paso deseado en algunos trechos. Corrió los últimos metros del maratón con sus labios doblados en una sonrisa gentíl. Despues, caminó con una cojera apenas perceptible.
   “En el deporte no hay garantías”, le dijo Jim Ratcliffe, el multimillonario fundador de INEOS, a Kipchoge después de la meta. “Pudiste haber tenido un mal día. Pero tuviste en realidad un buen día”.
Kipchoge había intentado vencer la barrera de las dos horas antes. En 2017, en un evento similar organizado por Nike, corrió un maratón en 2:00:25 alrededor de una pista de automóviles en Monza, Italia. Fue de lejos el maratón más rápido corrido alguna vez, pero no fue reconocido oficialmente como marca mundial porque no fue corrido bajo las condiciones normales de carrera.

   Desde entonces, y en grandes maratones reconocidos oficialmente, Kipchoge produjo los dos tiempos más rápidos de la historia para el momento cuando fueron ejecutados, al conseguir un tiempo de marca mundial de 2:01:39 en Berlin en 2018 y 2:02:37 el pasado abril en Londres.
 “Berlin fue acerca de correr un registro mundial”, dijo Kipchoge la semana pasada. “Viena es acerca de correr y hacer historia, como el primer hombre en la luna”.
   Llegó a Austria el martes, pero la fecha exacta de comenzar el intento no empezó hasta el día siguiente, y el tiempo preciso de arrancar no fue fijado hasta la tarde del viernes.
   Lo que se materializó el sábado fue quizás la ruta de maratón más finamente ajustada, cuidadosamente orquestada de la historia.
Kipchoge salió de su hotel a las 4:50 am y desayunó avena.
  A las 8:15 am, después de una espera de tres horas que llamó “el momento más difícil de mi vida”, salió desde el Reichsbrücke, un pintoresco puente que cruza el Danubio, y  atravesó un trecho del camino en bajada que lo llevó hacia el parque.  Allí, corrió en un circuito de alrededor de 9.6 kilómetros planos, de los cuales más del 90 porciento se desarrollaron en línea recta. Parte de la ruta fueron pintadas con líneas para resaltar el camino más rápido.
  Kipchoge, quien usó una franelilla blanca, zapatos blancos (Nike, aun no lanzados al mercado, manufacturados con piezas de fibra de carbón) y mangas blancas en sus brazos, tuvo un apoyo inmenso. Corrió detrás de un carro eléctrico que se movía a un ritmo de 4:34 minutos por milla (con un segundo carro de repuesto) y con su grupo de marcadores de paso rotativos (35 en la ruta, seis en la reserva) entre quienes se encontraban algunos de los mejores corredores de larga distancia del mundo, incluyendo antiguos medallistas mundiales y olímpicos como Bernard Lagat y Matthew Centrowitz.
   Esos pasistas, que usaban franelas negras y expresiones severas, formaban un bolsillo protector y aerodinámico alrededor de Kipchoge, cinco de ellos corrían al frente en formación de V abierta y dos más en la retaguardia. Sabían exactamente donde correr gracias a un patrón de gruesos y verdes rayos laser proyectados sobre la calle por el carro del cronómetro. En momentos predeterminados, los siete pasistas hacían espacio para que otro grupo de siete deslizara y tomara el testigo.
    Un miembro del equipo en una bicicleta pedaleaba periódicamente dentro del pelotón para facilitarle a Kipchoge un coctel de carbohidratos pesados, en geles y fluidos.
   “Mirar ese tiempo de 1:59:40, me emociona mucho”, dijo Lagat, doble medallista olímpico.
   En la recta final, cuando era un hecho que la marca estaba al alcance, los marcadores de paso, el carro cronómetro y los ciclistas acompañantes, todos se echaron a un lado, dejando a Kipchoge sumergirse solo en los gritos y el aplauso de la multitud.
  Despues de cruzar la meta, Kipchoge saltó a los brazos de su esposa, Grace, y de sus hijos. En todos sus años de competición, todas las medallas y victorias y marcas de su carrera, esta fue la primera vez que su familia lo veía correr en persona.

 Abdrew Keh es un corresponsal internacional que cubre los deportes en Berlin. Previamente ha cubierto Major League Baseaball y la NBA y ha reportado la copa mundial de futbol y los Juegos Olímpicos.

Traducción: Alfonso L. Tusa C. 

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