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domingo, 5 de abril de 2020

EL EMERGENTE. ¿Qué le faltó a Johan Santana?







EL EMERGENTE
Por Ignacio Serrano

A los 20 años del debut de Johan Santana en las Grandes Ligas, deberíamos estar contando los días para su ingreso a la planilla de votación del Salón de la Fama de Cooperstown por primera vez. Sin embargo, desde 2018 sabemos que el Gocho nunca tendrá una placa en Cooperstown, a pesar de haber hecho historia en las Grandes Ligas.

¿Qué le faltó al pitcher merideño, que sin duda ha sido uno de los mejores lanzadores de Hispanoamérica en las Mayores?

Santana caminaba decidido hacia al templo de los inmortales cuando en 2010 sufrió la lesión que interrumpió su carrera y precipitó su adiós. Desde los tiempos de David Concepción, ningún otro venezolano se acercó tanto a la gloria beisbolera, sin poder tocarla. Omar Vizquel y Bob Abreu todavía aspiran a consagrarse, como antes lo logró Luis Aparicio. Miguel Cabrera recibirá una avalancha de votos cuando cumpla cinco años en el retiro. Pero el nativo de Tovar, al igual que antes Concepción, fue una referencia en su era, sin llegar a convencer a los votantes, al momento de sacar las cuentas.

El zurdo tenía 31 años de edad cuando sufrió el primer desgarre de la cápsula en el hombro izquierdo. Le faltaba medio recorrido. Suponiendo que hubiera rondado las 20 temporadas, ¿con qué números hubiera terminado, cómo habría sido su tarjeta de presentación ante los miembros de la Asociación de Cronistas de Beisbol?

Cuando llegó al meridiano cero, había reunido algunos registros que se comparaban con los logros del mismísimo Sandy Koufax, otro pitcher sobresaliente a quien una lesión sacó de los diamantes cuando parecía restarle muchísima gasolina en el tanque.


Santana quedó con 3.20 de efectividad, Koufax se marchó con 2.76, con un matiz a favor del criollo: a éste le tocó probar la exigencia de lanzar en la época de los esteroides, durante su primer lustro arriba, mientras que el estadounidense lo hizo en los años 60, una de las décadas con menos ofensiva en la Gran Carpa.

La prueba de cuán bueno fue el Gocho está, por ejemplo, en la comparación de la efectividad ajustada de ambos, esa que permite contrastar lo que hicieron con lo que también hicieron sus colegas, en los mismos torneos y en los mismos parques.

Santana cerró con 136 en ese renglón, contra 131 de Koufax. Visto de otro modo, uno resultó 36 por ciento mejor que su tiempo y el otro estuvo “solamente” 31 por ciento arriba de la media.

El tovareño llegó a ser tan dominante, que entre 2002 y 2010 tuvo mejor WAR que todos los monticulistas de ambas ligas, salvo Roy Halladay, con la salvedad de que Halladay fue abridor en esas nueve zafras, mientras que el venezolano actuó como relevista en buena parte de las dos primeras justas en ese lapso.

Su WAR global de 51.1 (en la cuenta de Baseball Reference) es casi igual al de Koufax, que quedó con 53.1. Y se parecieron mucho en otras áreas. Santana dio menos boletos por cada nueve innings y ponchó también un poco menos, estuvieron casi a la par en cuadrangulares recibidos en promedio, dejaron un WHIP casi exacto (1.13 y 1.11).

Le faltó tan poco al merideño. Incluso recibió votos para el Cy Young más veces (en seis campañas, contra cuatro del estelar hebreo). 


La cirugía que le llevó a perder todo 2011 y la nueva lesión en 2012, de la que ya no se repondría, le robaron la oportunidad de redondear un caso más completo. No pudo completar los 2.000 ponches (le faltaron 12) ni los 150 triunfos (quedó corto por 11). No fue eso lo que le separó de Cooperstown, pero le habría ayudado a redondear una candidatura y animar el debate.

Con Santana pasó lo que lamentablemente hemos visto últimamente con Félix Hernández: para ganar la inmortalidad hay que ser muy bueno, separarse del resto de sus colegas y hacerlo durante un tiempo lo suficientemente largo. Esto último pudo pasarle factura a Koufax, pero esos casi 40 juegos más que el nativo, esos 300 innings adicionales que consiguió el norteamericano antes de colgar los spikes, le permitieron cosechar los últimos frutos con los que ya podía convencer a los votantes.

Está claro qué le faltó al Gocho: tiempo. Apenas un pequeño trecho más. 

Aunque igual quedara en la memoria deportiva de Venezuela como una de las más gratas y emocionantes historias que nos ha regalado el beisbol.

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Columna publicada en ElNacional.com, el sábado 4 de abril de 2020.

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