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viernes, 7 de abril de 2017

EL MÁS VALIENTE QUE CONOZCO

 Mi hijo Nolan tiene cinco años de edad

   Cam Ward. Portero/Carolina Hurricanes. The Players’ Tribune. 12-07-2016.

       Me estremecí con un juego recientemente. Fue brutal. La peor parte es que fue en mi propia casa.
      Mi hijo Nolan tiene cinco años de edad y le gusta jugar minihockey conmigo. Si fuese por su cuenta, jugaría todos los días. Tenemos una rutina. Antes de empezar cada juego tenemos que escoger nuestros equipos. Él tiene esos pequeños imanes con los logos de NHL, y coloca el enfrentamiento del día en la pizarra.
      Él siempre escoge de primero. Usualmente escoge a los Stars de Dallas. Le gustan los Stars por alguna razón. Pero esta vez, escogió el equipo de papi.
     “¡Yo soy los Hurricanes! dice él.
    Le digo, “Está bien amigo. ¿Quién es el portero titular esta noche?”
     “Hmmm…Cam Ward”.
    Papi empieza el juego. Bien. El juego es el primero de cinco, y él hace comentarios sobre la marcha todo el tiempo, como si fuera el narrador del juego. Las repeticiones de video son obligatorias.
    “¡Skinner tiene el puck…dispara…y anoooooota!”
    Él me supera 4-1, cuando de pronto yo anoto un punto para disminuir la ventaja hasta 4-2. ¡Él pide tiempo!
   “Ah, ah”, dice él, “Los Hurricanes van a hacer un cambio de portero”
    Yo digo, “¿Qué?”
    “Si, vamos a hacer un cambio. Eddie Lack va a entrar”.
    “Pero amigo…estás ganando 4-2. No entiendo. ¿Por qué sacas a Cam Ward?”
    “Lo siento, el entrenador quiere hacer un cambio”.
    “Pero, papi estaba…”
    “Lack va a jugar”.
    Él empieza a hacer estiramientos como si fuese Eddie, calentando al salir de la banca.
     Papi se estremeció. Con una ventaja. ¿Qué hago?
     Digamos que papi tuvo una pequeña recuperación para ganar 5-4. Lo siento, Eddie.
     Para muchos papas, este tipo de momento es casi rutina. Muchos niños adoran jugar minihockey. Muchos niños crecen haciendo su propio jugada a jugada. Pero para mí, el hecho de poder oir a mi hijo cantar los goles es algo que nunca daré por sentado.
*
       Uno de los días más felices de mi vida fue cuando nació mi hijo. Día de acción de gracias de 2010. Yo estaba por las nubes. Pero no tenía idea de la montaña rusa emocional que estábamos a punto de empezar.
        Mi esposa Cody, me llamó del hospital el día después que Nolan nació. Estábamos en Boston en una gira. Pude intuir por el tono de su voz que algo no estaba bien. Ella me explicó que Nolan había fallado la prueba de audición de recién nacido en el hospital, pero el médico dijo que eso ocurre todo el tiempo.
       “Podrían ser los fluidos”, dijo él.
         Cuando un recién nacido falla su prueba inicial de audición, automáticamente se hace una cita de seguimiento.
        Mi esposa llevó a Nolan al consultorio del audiólogo pediatra, y trató de mantenerse positiva. Ellos sometieron a Nolan a una serie de pruebas, y el médico pareció optimista. Despues que terminaron, ellos le dijeron, “Todo está muy bien. Vaya a casa y le avisaremos si se presenta algo”.
        Pero tan pronto como llegó a casa, llamaron del consultorio. Mi esposa es la única que puede describir lo que ocurrió a continuación.
     Cody
      “Hola, Mrs. Ward. ¿Puede por favor traer de vuelta a Nolan? Queremos hacerle unas pruebas adicionales”.
     Aún en ese momento, yo todavía pensaba que todo iba a salir bien.
     Cuando lo llevé de regreso, la audiólogo se detuvo a mitad de una de las pruebas y me lanzó una mirada. Ella dijo unas palabras que nunca olvidaré.
     “¿Quiere llamar a su esposo?”
     Yo dije, “Um, él está en plena práctica de hockey”.
    “Ya veo. Pero tal vez sería mejor que él estuviera aquí”.
    “Él está..él está en una práctica de hockey. No puede…”
    Casí me derrumbé.
    Yo sabía. Lo supe al segundo cuando me lo decía.
Cam
   Termina la práctica y recibo una llamada.
   Mi esposa decía algo que yo no podía entender. Me decía que Nolan había fallado en otra revisión.
   Nuestro hijo era sordo.
   Yo estaba anonadado. Una especie de incredulidad. No lo aceptaba.
    Llevamos a Nolan al UNC Medical Center para algunas pruebas adicionales y confirmaron que él era “profundamente sordo”. No oía para nada. 
    Y no podía entender como eso era posible. El embarazo había sido normal. El parto había sido perfecto. Nada de antecedentes de incapacidad en ambas familias. Cody y yo nos hicimos pruebas genéticas y todas resultaron negativas. Nos dijeron que se trataba de  una mutación genética espontanea.
    Aun después del diagnóstico, yo no lo creía. Hubo momentos cuando Nolan dormía en su cuna, y yo me paraba detrás de él y aplaudía fuerte cerca de sus oídos. Nada. Aplaudía tan fuerte como podía, esperando ver algun tipo de reacción, esperando que él pudiera oírme de alguna manera. Pero él seguía durmiendo.
      Eventualmente, luego de más citas y pruebas de las que pueda contar, el especialista del UNC nos dijo que deberíamos  considerar los implantes cocleares para Nolan.
    ¿Implantes cocleares? Nunca antes había oído ese término. El doctor explicó que son dispositivos médicos electrónicos que proveen de señales sónicas al cerebro. Serían implantados en el oído interno de Nolan. Afuera, un “procesador” sería adosado a un lado de su cabeza con un magneto. Imaginelo como un micrófono que recoge todos los sonidos externos, y transmite una señal a los electrodos en la coclea, lo cual estimula al nervio auditivo.
     Toda esa terminología hacía girar mi cabeza. Todavía lo hace.
     Pero estábamos dispuestos a tratar cualquier tecnología que pudiese ayudar a nuestro hijo oírnos decirle  que lo amábamos. Sin embargo eso podía ser duro.
       Nolan tenía 9 meses y medio cuando se realizó la cirugía para el implante del lado derecho. Nada puede prepararte para ver a tu bebé pasar por una cirugía mayor. Pero todo salió bien, y lo llevamos a casa desde el hospital el mismo día.
       La pregunta era, ¿Dónde deberíamos fijar nuestras esperanzas?
       Había mucha incertidumbre. Hay que tener en cuenta que Nolan no había oído ni un sonido en los primeros nueve meses y medio de vida. Mi esposa… no puedo decir todo lo que ella había hecho por Nolan. Yo había estado lejos jugando hockey y ella había trabajado con él todos los días. Ella se sentaba con él y le repetía cada sonido. Yo no tenía idea de lo laborioso que es enseñar a hablar. Hay muchas cosas del desarrollo del bebé que se dan por sentado.
          Tienes que hacer las inflexiones en tu voz para que él consiga las diferentes entonaciones y sonidos. Cada sonido era “ba-ba-ba, boo-boo-boo, bee-bee-bee”. Tuvimos que llevar todo al nivel más básico para reconstruir todo.
         Pero Nolan siguió trabajando, y entonces un día, después que había cumplido dos años, recibí el mejor mensaje de texto de mi vida. Estábamos de gira (por supuesto), y yo estaba en el hotel cuando mi esposa me envío un video de Nolan en su silla alta. La podía oir fuera de pantalla, extremadamente excitada.
        “¿Qué dijiste Nolan? ¿Qué dijiste?
       “I wuv you”.
       Caramba. Caramba.
      “¡Dilo otra vez! ¿Qué dijiste Nolan?”
      “I wuv you”.
      Cuando recibí ese video, yo estaba muy emocionado. Como jugador de hockey, estás mucho tiempo lejos de tu familia, y desafortunadamente te pierdes los grandes momentos como ese. Ser capaz de experimentar ese momento, aun a través del teléfono en la habitación del hotel, fue indescriptible. Casi un año antes. Nolan no podía oírnos decirle que lo amábamos. Ahora, el lo decía de vuelta.
    Yo no veía el momento de regresar a casa y verlo en persona.
     Pronto, él añadió más palabras, y yo recibía videos como este todo el tiempo.
     De todas formas, nos tomó algun tiempo acostumbrarnos a ver a Nolan con su procesador puesto. Como padre, me preocupaba por él. ¿Se acostumbraría? ¿Sería capaz de usar un casco sin que se le cayera el procesador? ¿Podría saltar a una piscina con el procesador puesto?
     El punto es, que esas eran solo mis inseguridades. Nolan no tiene idea de que él es diferente de los demás, porque no lo es. Ahora tiene cinco años de edad y destaca en la escuela. Está leyendo y hablando a nivel de su edad biológica. Tiene un grupo de grandes amigos. Hay preguntas como, “¿Qué es eso que tienes en la cabeza?” Y él, simplemente responde, “Ese es mi procesador. Me ayuda a oir”.
    La temporada pasada, Nolan y mi esposa estaban viendo el juego de mi equipo por TV,  parado sobre el sofá, se volteó y le dijo, “Voy a ser como papá cuando crezca”.
    “Ella dijo, “Ah, ¿si? ¿Vas a ser portero de hockey?”
   “Si, voy a ser portero de los Hurricanes. Pero no voy a tener mi procesador. Porque papá no tiene uno. Así que no tendré uno”.
     Por más que sea difícil, es en esos momentos cuando le tienes que recordar, que siempre va a tener su procesador. Mi esposa hizo un gran trabajo explicándoselo.
     “Bien, ¿Sabes que mami tiene que usar anteojos para ver? Así mismo tú tienes que usar tu procesador para oir. No es nada del otro mundo. Solo los necesitamos”.
     Él hizo una pausa para asimilarlo por un segundo.
     Entonces dijo, “Ah, está bien”.
     Y regresó a ver el juego.
      Nuestras emociones pueden decrecer  por momentos, pero él sigue adelante. En realidad, él es mucho mejor que yo para avanzar entre sus obstáculos. Yo todavía me molesto a veces, y pienso, “¿Por qué Nolan?”
      Me duele por dentro cada vez que lo veo en dificultades.
      El día que fuimos a comprar su primer casco de hockey, fue uno que habíamos esperado mucho, fue un día que debió haber sido un momento grande, feliz para nosotros. Pero esa excitación terminó en lágrimas cuando no pudimos adaptar su procesador al casco.
     Al final, cortamos algo de goma espuma del casco y logramos hacer el ajuste. Aunque me duele verlo molesto, guardo esos sentimientos en mi interior. Él cree que puede tratar de hacer todo, y yo también.
     El hockey es su felicidad. Lo ama.
     Su momento favorito es ir al camerino conmigo después de una práctica o de un juego. El mío también. El habla con los jugadores y piensa que es divertido. Luego va a la sala de ejercicios y hace su rutina ninja.
     “Amigo, es hora de irnos”.
    “Pero papá, necesito ejercitarme”.
     Eso no tiene precio.
     Durante nuestros juegos en casa, Nolan está en la esquina de la barrera de plexiglás durante los calentamientos. Le gusta eso, porque siempre recibe la señal del puño bombeado de su héroe, Jeff Skinner. (Él usa su camiseta de Skinner en la mayoría de los juegos. Esa o la de Justin Faulk. De vez en cuando incluye la camisetad de papá en la rotación. Pero definitivamente soy su número 3).
     Por un breve periodo, Nolan pensó que mientras más alto fuese el número de la camiseta, mejor era el jugador. Que el equipo le daba los números más altos a los mejores jugadores. Si jugábamos ante los Capitals, él decía, “Papá ¿Cómo van a hacer para ganar esta noche? El portero de ellos tiene el número 70. Tú eres el 30. Él es muy bueno”.
     Es cómico. Llegaba a casa luego de un juego y Nolan me decía, “Papi, necesitas tratar más duro de parar el puck”.
     Gracias, amigo. Copiado.
    Para el ultimo juego de la temporada de este año, Nolan me sorprendió al hacerme una pancarta. Miré hacia su lugar habitual en la esquina, y veo ese cartón grande que dice, VAMOS PAPÁ. PARA TODOS LOS PUCKS.
    Observar a Nolan y notar su amor por el juego me lleva de vuelta a cuando yo tenía su edad. Yo adoraba estar con mi papá en el camerino, aunque solo fuera una liga de hockey recreativo. Yo pensaba que era la major. Mientras crecía, mi papa siempre me dijo, “Mientras más te diviertas, lo harás major”.
     Él la llamaba su regla dorada.
     Para ser honesto, a veces esa puede ser una regla difícil de cumplir si te atrapa la tensión de tu trabajo. Pero Nolan, con solo cinco años de edad, ahora es el ejemplo más grande de la regla de mi papá. Los niños son resilientes. Viven el momento. Solo disfrutan. Nolan me recuerda eso cada vez que lo miro.
     Cada vez que llegaba a casa después de un juego, Nolan me decía, “Papi, necesitas tratar más fuerte de parar los pucks”.
     El mes pasado, él me dio otro recordatorio de lo fuerte que es.
     Con Nolan a punto de empezar el kindergarten este otoño, decidimos que era tiempo de hacerle el segundo implante en su oído izquierdo.
      Lo único que puede ser difícil para Nolan es una habitación grande o las multitudes de personas. Debido a que solo tenía un procesador en el oído derecho, podía oírte, pero no siempre podía decir desde donde venía el sonido. Esperábamos que un segundo procesador le facilitara ubicar los sonidos. Pero, por supuesto, eso implicaba otra cirugía,
      Esta vez era diferente. Él ya no era un bebé. A los cinco años de edad entendía mejor lo que iba a suceder.
      Estaba a punto de empezar la cirugía, cuando de pronto entró en pánico. En medio de ese momento difícil, mi esposa tuvo que entrar al quirófano para ayudar a calmarlo, mientras lo anestesiaban. Ni me puedo imaginar viendo eso.
      Pensamos si él nos iba a odiar por eso, si estaba sintiendo mucho dolor.
        Despues de unas horas, el cirujano salió y nos dijo que todo había salido de maravillas.
      Cuando fui a ver a Nolan, él despertó, ¿saben lo que hizo?
      Preguntó por su iPad. Quería jugar con su juego de Team Canada Table Hockey.
     Increíble.
     Él estaba de vuelta en sus juegos de hockey, de vuelta en su felicidad. Si hubiera sido yo, hubiera estado quejándome y sollozando por semanas. 
     Cuando te enteras por primera vez de que tu hijo es sordo, temes que nunca será un “niño normal”. Pero lo que ha sido tan asombroso de esta  montaña rusa en la que hemos vivido en los pasados cinco años es que Nolan no es solo un niño normal. Es mucho más que eso. Nunca se queja. No se ve cómo alguien diferente. Es el tipo más valiente que conozco.
     Cuando renové con los Hurricanes de Carolina el mes pasado, Cody y yo estábamos muy felices. Para ser honesto, la idea de ir a la agencia libre y tener que mudarnos a otra ciudad era muy preocupante. Para mí, es mucho más que firmar con un equipo. Raleigh se ha convertido en mi hogar, quiero estar aquí, ganar aquí, y ahora. Nolan necesita estar aquí.     
      Los médicos de UNC me enseñaron la habilidad de hablarle a mi hijo y hacer que me escuchara, a acercarme a él en la noche y conversar de como había sido su día. No puedo expresar cuanto le debemos a esos médicos y su discurso terapista, tenerlos en nuestro patio con Nolan es muy importante. Agradezco mucho, que los Hurricanes tuvieran confianza en mis habilidades y quisieran traerme de vuelta.
     Así que después que la negociación se hizo oficial, mientras preparaba a Nolan para irse a la cama, decidí decirle la noticia. Cuando Eric Staal fue cambiado la temporada pasada, eso fue un gran reto, porque Nolan se había hecho muy amigo de los hijos de Eric. Tuvimos que decirle que se estaban mudando para Nueva York. Así que Nolan está familiarizado un poco con el lado de las negociaciones del hockey.
     Me senté en su cama y dije, “¡Adivina que amigo! Papi tuvo una conversación con el equipo hoy, y tenemos buenas noticias”.
     Él dijo, “¿Nos quedamos en Carolina?”
      “Si amigo, nos quedamos”.
     “¡Que bueno!”
     Pausa dramática. Entonces me dice…
     “Pero después que terminemos de jugar en Carolina, ¿Podemos jugar para los Stars?”
Cam Ward. Colaborador.

Traducción: Alfonso L. Tusa C

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