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miércoles, 22 de junio de 2022

El difícil encaje de las deportistas trans: "Han tapiado puertas y ventanas"

 Mientras el Comité Olímpico aboga por integrarlas en la categorías femeninas, las Federaciones las vetan. La posible creación de una categoría propia, "una quimera". "El caso de Lia Thomas lo ha cambiado todo", dicen desde el COI


Actualizado 
Lia Thomas, en una competición universitaria.
Lia Thomas, en una competición universitaria.John BazemoreAP

"Sabíamos que el caso de Lia Thomas lo cambiaría todo", se escucha en el Comité Olímpico Internacional (COI) y en efecto. Antes hubo otras mujeres trans en la élite, incluso una, la halterófila neozelandesa Laurel Hubbard, compitió en los Juegos de Tokio. Pero Thomas supuso "la tormenta perfecta".

Del país más influyente, Estados Unidos; en uno de los deportes más mediáticos, la natación; con éxito como hombre, pues llegó a ser el segundo mejor adolescente de su país; y con un cambio de género tardío, a los 21 años, tras una larga exposición a la testosterona. Su victoria en las últimas finales universitarias -y sus posibilidades de medalla en los Juegos de París 2024- agitaron tanto el debate que, al final, éste se volteó. Hasta Thomas, la máxima era la "integración" de las trans en la categoría femenina, como aún pregona el COI; desde Thomas, varias federaciones internacionales trabajan para vetarlas.

Sin ir más lejos, el pasado domingo, la Federación Internacional de Natación (FINA) decretó que las mujeres trans sólo podrán competir si han completado la transición de género antes de los 12 años, un imposible. "En la práctica es un portazo, es prohibir que compitan", señala María José Martínez Patiño, doctora en Ciencias del Deporte por la Universidad de Vigo y miembro del Panel de Expertos de la Comisión Médica del propio COI, que recuerda que prácticamente ningún país permite legalmente que se tome una decisión así en la niñez. Ni en España, tras la reciente aprobación de la 'Ley Trans', sería posible.

"La nueva normativa de la FINA es demasiado drástica, es una reacción al revuelo creado por el caso de Thomas. En el COI la opinión mayoritaria es que se estudie caso por caso porque no hay tantos. Es posible analizar si esa mujer ya ha competido como hombre, a qué nivel ha llegado, cuándo empezó el proceso de transición... y así autorizarla o no", expone Patiño, tan contraria a dejar competir a Thomas como a impedir que lo haga cualquier mujer trans.


EL ATLETISMO, EL FÚTBOL...

Pero parece estar en el lado derrotado del debate. Antes de la FINA, otra federación internacional, World Rugby, ya había negado a las mujeres trans participar en categoría femenina y después de la FINA vendrán otras, muchas otras. Esta semana el presidente de World Athletics, Sebastian Coe, elogió la decisión de la FINA, definió su nueva normativa como "lo mejor para el deporte" y anunció una medida de su organismo "a finales de año". Poco después, una fuente de la FIFA declaró a Reuters que en breve el órgano rector del fútbol podría ir por el mismo camino.

El COI lleva años aceptando a las mujeres trans e intentando consensuar una legislación que agrade a todo el mundo -hasta ahora la única condición era que su testosterona fuera inferior a los 10 nanogramos por mililitro de sangre-, pero las federaciones internacionales van por otro camino. Y al fin y al cabo son éstas quienes tienen competencias en el asunto. En el actual escenario lo más probable es que la halterófila Laurel Hubbard acabe siendo la única mujer trans olímpica de la historia, porque la otra opción se antoja inviable.

La FINA, como ya insinuó World Rugby, anunció la posibilidad de crear una tercera categoría para las mujeres transexuales, pero los expertos la consideran inviable. "Han tapiado puertas y ventanas y han dejado una claraboya. Es imposible que haya una categoría sólo para mujeres trans porque competirían una o dos solas", apunta Patiño, que también subraya que podría haber problemas a nivel legal. "Los habría seguro porque se podría considerar discriminación", responde José Domingo Monforte, abogado especialista en Derecho Deportivo y fundador del despacho del mismo nombre.

"La creación de esa categoría sería muy, muy complicada. En mi opinión, excepto en eso, la decisión de la FINA es jurídicamente impecable. El deporte tiene una máxima, la igualdad, y con el objetivo de preservar esa máxima, establece un criterio para las mujeres trans. Aunque ese criterio sea muy exigente, la igualdad está por encima. Cualquier reclamación, creo que no tiene recorrido. Es distinto al caso de Caster Semenya, que debe resolver el Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo", analiza Monforte, que asegura que había más posibilidades de denuncias si la FINA hubiera deliberado hacia el otro lado. Si las mujeres trans compitieran en categoría femenina sin condiciones o con condiciones mínimas, las federaciones internacionales podrían ser denunciadas por el resto de mujeres.

De hecho, después del éxito de Lia Thomas, algunas rivales potenciales ya amenazaron con esa vía. Finalmente, en efecto, un solo caso, el caso de Thomas, lo cambió todo.

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