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jueves, 16 de agosto de 2018

EL ATLÉTICO DE MADRID AJUSTA CUENTAS / El Mundo


Los jugadores del Atlético de Madrid celebran el tercer gol en la Supercopa. RAIGO PAJULAAFP-PHOTO
El Atlético aprovechó la Supercopa de Europa para curar un poquito las heridas que la Champions le había dejado en el escudo tras perder dos finales ante su más odiado enemigo. En este peculiar destino, en un campo minúsculo, utilizó la prórroga para desmontar a su rival, agotado en la medianoche de Estonia. Saúl, con un golazo de bandera, y Koke hundieron al Madrid en un feo resultado, la peor forma de comenzar una temporada cuando se estrena entrenador y se ha marchado Cristiano. Tuvo más presencia el Madrid en los 90 minutos, con buen fútbol por momentos, pero sus fallos defensivos le machacaron. El Atlético aguantó el tipo y en el tiempo extra reventó el encuentro. [Narración y estadísticas].
Más ambiente rojiblanco en la ciudad, en el estadio y en el césped también, con mucho más interés del Atlético en el arranque. Serían las ganas de revancha o la intensidad propia, pero sus primeros cinco minutos sofocaron al Madrid, desperezándose aún en el 0-1. Ni 50 segundos llevaba la Supercopa de Europa cuando Diego Costa ganó un balón por arriba a Sergio Ramos, dos pasitos por detrás en la disputa. Toque hacia atrás del ariete, carrera de bisonte hacia el área, suspiros de Varane, lento, y zapatazo a la red. Keylor Navas quedó regular, por entrar la pelota por el palo donde intentaba tapar. El estreno de la temporada continental se descorchaba a lo grande para euforia de la hinchada atlética, superior a la vecina, y del banquillo huérfano de Simeone, enjaulado en un palco. Su socio, el Mono Burgos, pegó un pequeño salto para festejar ese arañazo tempranero que suele ser gloria en una final.
El golpe dejó grogui durante un rato a los blancos, con Lopetegui desgañitándose desde la banda y la defensa aún preguntando por dónde se había colado con esa facilidad Costa. El nuevo curso, la ausencia de Cristiano, las piernas pesadotas... Muchas cosas rondaron en ese momento la mente de los madridistas, en el césped y en el palco, además del incordio de verse por debajo del marcador ante la escuadra más impenetrable del continente. Su alivio fue que muy pronto el Atlético prefirió apoyar la espalda que empujar con el pecho a un rival aturdido. No es la primera vez que lo hace Simeone en una final. 
La cesión de terreno sirvió al Madrid para activarse, entre contundentes cortes de Casemiro. Sin Luka Modric y con Isco algo difuso, le tocó a Toni Kroos poner orden en el centro del campo, abriendo de izquierda a derecha con ese toque de balón seco que suena pala de playa. Una apertura la aprovechó Bale para tomar medidas a Lucas Hernández, tan tierno de entrenamientos como Griezmann, ausente. El galés mostró ya el buen zanco exhibido en la pretemporada. Por la otra banda, Marcelo complicaba el debut de Lemar, el gran fichaje rojiblanco. Poco después, Simeone (el Mono) le cambió a la izquierda para que Koke frenara al brasileño.

Rodri se quitó la timidez

El lateral zurdo había puesto la primera oportunidad a Asensio, astuto para rematar de tacón. Apareció Jan Oblak. Paradón abajo. A esas alturas, Ramos y Costa ya acumulaban dos choques aéreos y sendos dolores de cabeza, reclamada la amarilla para el blanco en la primera. No encontraba salida el Atlético, sin parecer importarle mucho, cómodo en el despeje de las llegadas blancas, cada vez más constantes. 
La fórmula le falló, a pesar de tenerla bien afinada en estos últimos años, y el Madrid empató antes de la media hora gracias a otra cabalgada bárbara de Bale por la derecha. Se la echó larga y Lucas quedó mirándole el dorsal. En línea de fondo, el británico dibujó un centro con la derecha espléndido, con efecto plátano al estilo Míchel, que Karim Benzema remató a la red en el segundo palo. Gol de delantero puro, de aire acristianado, que viene de cine al francés ahora que está obligado a elevar (mucho) su rendimiento anotador.
Al momento, Asensio tuvo el segundo en una buena salida y remate ajustado. El Atlético sólo recompuso la figura cuando Rodri se quitó de encima la timidez. Una arrancada suya, con la frente arriba y valentía, hizo recuperar el ánimo al fondo de su afición. 
Hacía tiempo que no tenía el equipo rojiblanco un mediocentro con tan buen aspecto. Lleva el 14, pero nada tiene que ver con Gabi. Gracias al canterano los suyos espabilaron camino del descanso, aunque sin presencia ante Keylor. Esa leve reacción continuó en el comienzo de la segunda parte, sin que se tradujera tampoco en peligro para su rival, reforzado muy pronto con Modric. No le importó a Lopetegui que apenas llevara una semana de entrenamientos. Mejoró Isco con el croata, mientras el cansancio estival se empezaba a notar en ambos aspirantes.
Más insistente el Madrid, tuvo premio gracias a una inocente acción de Juanfran, otra vez desafortunado en una final ante su ex equipo. Sacó la mano como Piqué en Moscú y Sergio Ramos, de penalti, cumplió con otra costumbre: marcar al Atlético en una final. Pero esta vez, el capítulo de esta serie interminable de derbis europeos (siete desde 2014) tuvo un giro diferente, porque los de Simeone supieron rehacerse cuando apretaba el reloj. Les ayudó Marcelo, al asistir a Juanfran cuando intentaba salvar una pelota de la banda. El lateral entró rápido en el área, la dejó al culebreo deCorrea y Costa remachó en el área pequeña el 2-2. Acaba de marcharse Casemiro al banquillo cojeando. 
Agotados ambos equipos, en el frenesí final faltó temple para sentenciar. Marcelo, en la última jugada, pifió el remate ante Oblak. Entonces el árbitro mandó la final a la prórroga, otro territorio habitual en estos duelos. Tras Lisboa y Milán, el Atlético se llevó su alegría en Tallin. Enorme volea de Saúl y remate de Koke. No es lo mismo, pero a los rojiblancos les supo a gloria.

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